Quosque tamdem

Luis Chacón

luisgchaconmartin@gmail.com

All behind you

Tras Churchill se agruparon todos; amigos, correligionarios y adversarios políticos. Ya habría tiempo de disidencias

El 1 de octubre de 1938, a la vuelta de Munich, el premier británico Chamberlain leyó, a las puertas de Downing Street, la declaración que condenaba a Checoslovaquia a la desaparición y aparentemente, aplacaba a Hitler. Terminó con estas palabras: "Regresen a sus casas y duerman bien tranquilos". El 5 de octubre se presentó en los Comunes a defender el acuerdo. Casi toda la Cámara le apoyó. Entre los que no lo hicieron estaba Winston Churchill, su viejo amigo, que expuso las que creía que iban a ser las consecuencias del pacto, con un discurso que pasó a la historia: Lo máximo que ha sido capaz de lograr - Le interrumpen con gritos de "la paz, es la paz". Pero sir Winston continúa imperturbable- "ha sido que el dictador alemán, en lugar de agarrar la comida de la mesa, se conforme con que se la sirvan plato a plato".

Meses después, su pronóstico se convirtió en una realidad que llevaría al mundo a una guerra de seis años. El 10 de mayo de 1940 tras la fracasada acción de socorro a la recién invadida Noruega, Churchill sustituía a Chamberlain. Churchill, quien había antepuesto la sinceridad a la amistad; Churchill, el aristócrata, el nieto del Duque de Marlborough tan poco apreciado por las Trade Union y el Labour; Churchill, el belicista, el responsable último del Desastre de los Dardanelos. En fin, Churchill. Tras él, como un solo hombre, se agruparon todos; amigos, correligionarios y adversarios políticos. All behind you. Así llamó David Low al dibujo que publicó en el Evening Standard y en el que aparece Churchill seguido de todos los líderes políticos del momento, arremangándose, en clara disposición de defender al Reino Unido. Con la lealtad propia de los grandes momentos, tan alejada de la soflama demagógica de quien busca su propio interés como de la fidelidad perruna de quien sólo sabe obedecer consignas. Ya habría tiempo para las legítimas disidencias y para que su vicepremier, Clement Atlee, líder laborista, le ganara las elecciones de 1945 a quien había triunfado en la guerra pero para quien había pasado su momento.

Mientras los tanques nazis cruzaban la frontera polaca, una anciana les salió al encuentro armada con una estaca. Al verla, un vecino que huía le gritó que aquello no servía para nada. Ella, orgullosa, le contestó: "Claro que sirve. Sirve para dejar claro de qué parte estoy".

Si les cuento todo esto es porque lo estoy echando de menos en España. ¿Ustedes no?

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