Opinión

Juan José / Ruiz Molinero

Buen rumbo

LOS que siguen el rumbo de la Orquesta Ciudad de Granada pueden estar satisfechos en estos días, después del triunfo artístico obtenido en el Teatro Maestranza, de Sevilla, con su aportación musical a la ópera Tancredi, de Rossini. Por vez primera en 20 años se ha firmado un convenio laboral que implica a todo el personal de la OCG, no sólo músicos, sino administración, etc. Sustituye al reglamento interno que afectaba sólo a los profesores y que tantos problemas causó últimamente, por el desacuerdo con la dirección artística y con otros aspectos que no estaban contemplados.

Al margen de las cuestiones puramente laborales, de todo convenio, hay que destacar la creación de una comisión artística, en la que están representados los músicos, que constituirá un mecanismo de colaboración y seguimiento que velará por que en todo momento se mantenga la línea de máxima calidad que deberá imprimir el director artístico, el responsable máximo de la programación de cada temporada, pero que, pese a su independencia natural de todo director titular, tiene que escuchar a esa comisión, en la que los músicos tienen cabida.

Era una de las principales reivindicaciones que originaron momentos de especial gravedad hace poco, cuando el malestar originó un grado de tensión que trascendió a la sociedad y al público, en general. Es verdad que los máximos responsables institucionales deberían haber atajado a tiempo la cuestión. Eligieron el relevo del director titular y artístico Jaan-Jacques Kantorow y sustituyeron al gerente. Hoy, Salvador Mas ha cogido la batuta artística -cuya presencia se notará más en la próxima temporada- y José Luis Jiménez Gómez, la gerencia. Es oportuna y necesaria esta paz social que firma la OCG, máxime cuando en 2010, es decir, la próxima temporada, celebra el 20 aniversario de su fundación, y habrá que preparar una serie de conciertos y actos en consonancia con tan importante efemérides. No sé si será momento de plantearse, incluso, la ampliación de la orquesta, como tantas veces he dicho, en esa dimensión sinfónica que le amplíe caminos y posibilidades. Pero lo que es verdad es que si el triunfo de Tancredi, lo unimos al de Alahor en Granada, de Donizetti, tambien en el Maestranza, y a cuantas veces ha sido pilar importante de todas las óperas representadas en el Festival Internacional de Música y Danza, empezando por La flauta mágica, de Mozart, en el Generalife, habrá que esperar que pueda ser, en el futuro Teatro de la Ópera que esperamos ver funcionar en Granada como tal en ese gran Espacio Escénico, una de las piezas fundamentales del mismo.

Hay muchos retos por delante que sólo con la paz social lograda, en documento laboral existente por vez primera en la historia del conjunto, puede darle alas y garantizar. Siempre, con la máxima calidad y afán de superación de los altos niveles ya alcanzados que la Orquesta Ciudad de Granada tiene que plantearse para afrontar sus otros próximos veinte años de existencia. Así lo esperamos quienes desde hace tanto tiempo planteamos la necesidad de una gran orquesta en Granada, no sólo como ineludible consumo interno, sino como base de la proyección cultural de la ciudad. Como lo es el Festival y como debe ser el Teatro de la Ópera que sí nos permitirá que las óperas en las que la OCG participa -Alahor o,Tancredi, por ejemplo, entre las propias que se programen aquí- no estén ausentes en su ciudad de origen.

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