Contribuyen los ciudadanos

MÁS de una vez nos hemos manifestado contrarios a la publicación de las balanzas fiscales de las distintas comunidades autónomas en su relación con la Administración central. Por una razón bien sencilla: quienes contribuyen a la Hacienda de todos son los ciudadanos individuales y las empresas, no los territorios. Por lo tanto, es lógico que las comunidades autónomas de economía floreciente aporten más a las arcas del Estado de lo que reciben de ellas, al contrario que las comunidades pobres, que necesitan -y merecen, de acuerdo con el principio constitucional de la solidaridad- las aportaciones de las otras para prosperar e ir eliminando las diferencias. Las balanzas fiscales han sido esgrimidas por los nacionalismos ricos para justificar el sentimiento de agravio y el victimismo en el que viven y con el que intentan aglutinar a sus conciudadanos. Ocurre, sin embargo, que la publicación de estas balanzas, que han sido elaboradas por expertos bajo el patrocinio del BBVA, ha resultado particularmente esclarecedora, pero en sentido contrario al pretendido por los grupos nacionalistas. Según los datos analizados, que cubren el período comprendido entre 1991 y 2005, hay cuatro comunidades que son contribuyentes netas al erario común: Madrid, Cataluña, Valencia y Baleares. Lógicamente, porque son de las más desarrolladas del país. Lo notable es que, en contra de la cantinela del nacionalismo catalán, la comunidad de Madrid aporta a las regiones menos ricas el doble, por habitante, que la propia Cataluña. También se aclara la posición con respecto al País Vasco y Cataluña que, dotadas de un régimen fiscal singular a través del cupo, reciben dinero del Estado pese a estar entre las tres más desarrolladas. En definitiva, el sistema de financiación autonómica en sus diversas variantes y los mecanismos fiscales en vigor han sido -con la excepción citada de vascos y navarros- adecuados para que el Estado de las Autonomías funcione en España bajo el prisma de la solidaridad interterritorial. No merece cambiarse en sus grandes líneas sólo porque algunas comunidades ricas se hayan cansado de ayudar a las otras.

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