Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

Desaliño estratégico

Casi todos proyectamos una imagen más o menos deliberada con nuestra forma de vestir, si bien algunos, como Sergio Ramos o Morante, están en permanente cambio y a la búsqueda de un estilismo propio. Otros abundan en el marrón y otros riesgos cromáticos, y en el zapato fallido, y suelen chirriar el día de la etiqueta. No engaña el pijerío deliberado, tan mimético de granjero irlandés o con su toque de locura fosforito con, por ejemplo, una corbata de Hermés, o echándose en lo alto un foulard más de Briatore que palestino. Algunos no nos repeinaremos nunca, ni a palos, en el ejercicio de un acto de fe en la propia singularidad, que suele cursar con un desabillé de armario costeado: de hippie, lo justo. Está, en fin, el que con su forma de vestir te anuncia desde lejos que es alguien crítico con el sistema, irreductible a la convención burguesa y su simbología: camisetas comprometidas o de roquero sin concesiones, desaliño alternativo; todo lo más un buen par de Camper, muy de la izquierda bobó (atinado acrónimo francés que junta lo bohéme con lo bourgeois). Es el caso del prototipo de correligionario de la CUP, justo en los antípodas de un Costita -gran cantera la del PP valenciano- con gran peluco en la diestra rodeado de pulseras, de nuevo, de hippie de pastel. O de un Bárcenas con abrigo entre los soprano y el cazador de zorros inglés. El desaliño indumentario antisistema lo representa Anna Gabriel a la perfección. O lo representaba.

El uniforme patente o subliminal existe y existirá: por funcionalidad -cocineros, tropa- o por simbología: sacerdotes u oficialía de gala. Metamorfosear en el uniforme es cosa harto sospechosa: huele de suyo a trile y a estafaza, que diría un chaval de hoy. No soy nada partidario de poner de sucia ni de mentarle el sobaco -qué palabrón- a Anna Gabriel ni a los de su línea estética: eso me parece torpe; de hecho no creo que esta mujer huela mal ni nada de eso, y allá ella con su forma de vestir. Pero cuando uno se autoexilia a un país tan poco anarquista, comunista o revolucionario como Suiza y troca su apariencia de una manera tan, lo dicho, radical… hay una voluntad estratégica, y de impostura. La estrategia: el arte de adaptar tus fortalezas y debilidades a las exigencias del entorno. Decía un malagueño habitual de la jet romana a una que se casó con un gran joyero internacional y hacía dramaturgia experimental: "Non si può cotizzare in borsa e fare la teatra". Non si puó, Anna, per carità. No seas falsa, que no te pega.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios