Señales de humo

José Ignacio Lapido

Error de 'casting'

LA corrupción en la política municipal española no es noticia. Y no lo es porque no se trata de un tema novedoso ni atípico, como requieren los usos periodísticos para que la comunicación de un hecho sea considerada como tal. Aunque se rasguen muchas vestiduras, a casi nadie le extraña ya que de vez en cuando aparezca un concejal o un alcalde imputado por cohecho o malversación. ¿Quién se sorprende de que cada dos por tres las productoras de Hollywood nos obsequien con la enésima parte de Viernes 13, La Jungla de Cristal o Rocky? A fuerza de repetirse estas irregularidades -políticas y cinematográficas- nos hemos acostumbrado a ellas. Es más, el público espera con una mezcla de morbo y resignación a que se estrenen tales secuelas. Y los votantes hacen apuestas: ¿cuándo estallará la próxima bomba fétida?

El cine malo y la política de bajos fondos tienen mucho en común. En ambos casos las tramas se repiten de una forma mecánica ¡y siempre con éxito! También comparten un vicio recurrente: el error de casting. Fraga lo dijo el otro día con acierto y en castellano: "Si Jesucristo tuvo un fallo en la selección de personal, imagínense los políticos, pobres mortales".

La última vaharada de putrefacción que nos llega de Madrid tiene su origen séptico en un clamoroso fallo en la elección de actores. No hay nada más que verle las caras a Correa y Pérez, presuntos cabecillas de la trama, para saber que ha habido un error garrafal de casting. Es evidente que el tal Pérez, alias El Bigotes, sólo podía hacer de malo, como Jack Palance o Christopher Lee. Y qué decir del nombre artístico de uno de los alcaldes empapelados por Garzón: El Albondiguilla.

Aún sin haber corruptelas de por medio, los errores de casting son muy abundantes en la política española, empezando por sus cúpulas directivas. Zapatero da muy bien en el papel de galán en una comedia ligera; en cambio en un drama, como el de la crisis actual, resulta muy poco convincente. Les ha ocurrido a muchos actores cómicos que cuando han interpretado un papel de los llamados "serios" han provocado las risas del público. En cuanto a Rajoy, no seré yo el que certifique que lo suyo fue una equivocación. En su partido -y aledaños ultras- son muchos los que desean fervientemente hacer un remake del congreso de Valencia para cambiar de protagonista.

Ni en Izquierda Unida se salvan de las pifias a la hora de confeccionar un reparto medio digno. Ahí tenemos a Cayo Lara, un secundario elevado a la categoría de protagonista que ha tenido un estreno patético asistiendo a una manifestación en apoyo de la dictadura cubana. ¿Qué podemos esperar de alguien así? Otro fracaso de taquilla.

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