la columna

Juan Cañavate

Facebook

AL presidente del Gobierno ha debido tranquilizarle que al sistema electoral español le ocurra lo que al Facebook, que tiene un botón de "me gusta" pero no tiene botón de "no me gusta", por lo que puedes votar a un partido, pero resulta complicado decir que lo que realmente quieres es no votar a otro. Y digo que debe tranquilizarle porque si el sistema electoral español tuviese botón de "no me gusta", habría menos dudas sobre las causas y razones de este fracaso y se aclararía el ya clásico dilema entre la crisis o la gestión de la crisis.

También ha debido tranquilizarle que estas primeras elecciones, tras la gestión de la crisis que ha acometido con su equipo, tengan un cierto aire periférico; las bofetadas en provincias duelen menos y la cara sólo se pone roja de la vergüenza, aunque tampoco mucho si no sabes exactamente dónde está la Chana o el Zaidín o Écija o Triana y, si resulta que lo sabes y sabes además que es la primera vez en la historia que la izquierda pierde en esos lugares, siempre puedes tranquilizarte algo más con el hecho de que existan las dos versiones para explicar los resultados; la del presidente y su equipo con que la explicación de la catástrofe está en la crisis, y la de otros, muchos más, con que la auténtica razón es que el presidente perdió la brújula y el compás a la hora de gestionar la crisis.

También los hay que dicen que, en una situación así, lo que ha ocurrido es normal, aunque haya otros que dicen que lo que no es normal es que el PSOE con Zapatero haya llegado a una situación de desnorte ideológico que no sepa si babor está en la izquierda o si es estribor quien anda por allí y claro, con esa orientación no es difícil que los votantes tradicionales del PSOE se hayan equivocado de papeletas o de destino montados en un barco que no era el suyo y camino de un puerto al que nunca han querido ir .

En medio de la zozobra, al presidente también debe tranquilizarle que haya diferentes opiniones sobre cómo salir de esta situación. Él cree que debe permanecer al mando el tiempo que haga falta para salvarnos a todos y hay quien piensa que una posibilidad de salvar algo de este naufragio es cambiar de timonel cuanto antes, aunque sólo sea por rendirle un sereno homenaje a un tiempo, no tan lejano, en el que los líderes dimitían y convocaban congresos extraordinarios por menos, o es que nadie se acuerda de Almunia tras las elecciones del año 2000.

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