Crónica Levantisca

Juan Manuel Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

'Félix' llegará

El panorama de algunos paseos marítimos y chiringuitos asustaba más antes del paso de 'Emma

Era marzo de 2010, una fuerte borrasca había barrido la costa onubense y el entonces presidente, José Antonio Griñán, telefoneó a José Luis Rodríguez Zapatero para que viese en el lugar los desperfectos del temporal en el paseo marítimo de Matalascaña. Desde entonces, y hasta el lunes pasado, dos o tres tormentas anuales vienen causando algunos daños en las playas andaluzas, aunque Emma ha pegado más fuerte debido a su coexistencia con una pleamar muy alta. Esta vez, han ido Rajoy y Susana Díaz. ¿Esperamos a que la próxima gran borrasca, Félix por ejemplo, vuelva a destrozar chiringuitos y paseos o nos ponemos a pensar? Tampoco es tan complicado: no ha sido Emma quien ha destrozado los paseos de la playa, sino al revés: se han enlosado corredores de duna, se ha cimentado sobre la arena y, tal como hemos comprobado cuando ha amainado el temporal, se sigue vertiendo en las playas. Ahí quedan esas imágenes de tuberías sin dueño, de desagües que han despistado al colector para verter directamente en la playa. La arena retirada ha destapado la vergüenza.

El litoral andaluz no necesita ni más construcciones ni más chiringuitos, los nuevos que vengan deben colocarse a una distancia no sólo prudencial de la playa, sino alejadas, de tal modo que entre casa y arena haya un cordón natural. Es lo que se está haciendo en Europa. Véase también Novo Sancti Petri, en Chiclana. Es más, hubo un programa para recuperar urbanísticamente las zonas costeras más atosigadas. Se expropiaban casas y terrenos, y se construían amplias calles y se desagobiaba la costa. A eso se le llamó esponjar el litoral. El alcalde de Almonte solicitó un programa de éstos para adecentar Matalascaña, pero se lo negaron en Madrid. El paseo de lo que también es la playa de Sevilla es minúsculo, casi un corredor de casa, los chiringuitos se sostienen como palafitos sobre la playa y algunos acantilados, que no son más que dunas compactadas, están coronados por un chabolismo veraniego.

El panorama asustaba más antes de que pasase Emma.

Cádiz capital sólo tuvo chiringuitos en verano, y el primer alcalde democrático tiró todas las casetas de madera que ocupaban las playas, Cortadura incluida. Tendremos que caminar en ese sentido, en el de desaliviar las costas, no la de atosigarlas, porque aquí se hizo una Ley de Costas que sólo se ha reformado para regresarla. Pero sepan que si no se hace bien, vendrán otras Emmas y otras grandes mareas y enterrarán tanto adefesio.

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