La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Franco resucitado

Los que pillamos algo de franquismo sabemos que esta España de hoy ya no tiene nada que ver, nada

Sorprende la recurrencia en los discursos de la progresía esnob que sufrimos del manido tema de recordar a Franco. Cuando ya no quedan casi franquistas, son sus oponentes los que lo traen de nuevo a la fiesta cuarenta años después de muerto, para que el dictador siga entre nosotros influyendo más allá de los cuarenta años que ya le sufrimos los que le sobrevivimos. Habrá que volver a enterrarlo a este paso.

La crisis crepuscular de Cataluña ha devuelto a la palestra aquel término de 'franquista' que parecía solo un mal recuerdo. Lo han rescatado junto con los ya manidos de 'fascista' y demás insultos que, para cualquiera que habite en la España de ahora le debe parecer un anacronismo.

Claro que el sistema que tenemos tiene fallas por todos lados; evidente es la desvergüenza de los políticos de acusar al oponente de lo que ellos mismos practican (corrupción hasta las cejas y mirando la del prójimo) pero nos empobrece a todos que no se valore lo bueno que ya tenemos. Nada mejor que los ataques de Putxi-Puigdemon para darnos cuenta de hasta qué punto hasta él se debería felicitar por vivir en un país donde se le deja decir lo que quiere, que no es lo mismo que hacerlo, claro.

La Constitución hay que ponerla al día, está claro. Pero como marco referencial sigue al día. Es progresista y ejemplo de muchas. Consensuada, superó el gris plomo de Franco con éxito. Claro que algo quedó: un rey puesto a dedo, una población sumisa y jerarquizada, una mentalidad colectiva adoctrinada (la de los progres y la de los carcas)…

Hay que superar etapas y eso empieza por el lenguaje, como bien sabemos. Los que pillamos algo de franquismo sabemos que esta España de hoy ya no tiene nada que ver, nada. Era un mundo infantil para cualquiera que amara la libertad. Ahora vivimos una democracia burguesa, con el beneficio económico como bien intocable, como el sistema es capitalista sancionado por sus leyes. Es lo que hay y hay que cuidarlo pues la degeneración del capitalismo acaba en fascismo, como las revoluciones de izquierdas en satrapías dinásticas familiares.

En el punto medio esté la virtud, tan necesaria hoy, ese camino alejado de extremos en el que el gorila totalitario que cada cual lleva dentro hay que dejarlo, como a Franco, en el cuarto más lejano, el más olvidable.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios