La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Granada, imparable

Propongo que pasemos de la 'maría' y los contratos basura a ser los mejores en carriles bici, reducción de ruidos...

Superados los mil días sin tren, la ciudad entra en el club de las capitales que baten marcas. Estamos que nos salimos, pero en los récords más deplorables, claro.

Porque, según he leído, parece que somos los primeros en exportación de marihuana. La crisis nos ha empujado al laboreo paciente y esforzado de plantaciones en pisos y sótanos escondidos, con enganche a la red eléctrica general y un tufo a maría en ciertos barrios que alimentan, oyes. Tierra de pícaros ésta, hacemos flotar al resto de la nación a base de buena mercancía, que para el cultivo este parece que sí que servimos.

Metidos a ser de los primeros, también tenemos el dudoso privilegio de codearnos con Cádiz en número de parados. Claro que aquí con el turismo, la cosa no toca fondo del todo, aunque los que sirven en las barras y terrazas 'gocen' en muchos casos de una semi esclavitud de hasta 12 horas a destajo con contratos eventuales de un tercio de jornada a menos de cinco euros la hora. Los latigazos parece que nos los reflejan en la nómina, pero igual los tendrían que incluir entre los complementos estos capataces negreros del siglo XXI.

Seguro que encabezamos más listados de los que todos huyen. Pero Granada, con un Ayuntamiento a punto de intervención del Estado para aligerarles la carga a un equipo de concejales en el que hay al menos seis concejales (el alcalde lo es) más pendientes de los juzgados que de ir a los plenos.

Batiendo marcas hacia la nada, la ciudad sigue en su letargo antiguo, con bicis públicas colgadas de los árboles y un aeropuerto de mentirijillas adonde sólo vienen las grandes compañías a cobrar las subvenciones y, encima, a cerrar en pleno enero no vaya a ser que le pierdan negocio las low cost de los 'codiciosos sin fronteras'. Apatía lógica la del 'granaíno' que vio su 'Graná' cuando era capitanía, instancia judicial y arzobispado. Ya solo con arzobispo, ese que no merece siquiera unas palabras, las cuentas no salen.

Pero batir récords sí que sabemos. Así que propongo cambiar de objetivos y pasemos de la maría y los contratos basura a ser los mejores en carriles bici, en salas de conciertos, en reducción de ruidos, en jardines verticales y todos esos indicadores de esa ciudad posible que, cuando llegue el tren, será la envidia de todos. Tiempo habrá.

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