La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Honorable fugitivo

A ver cómo se lo toman los fanáticos de la CUP mientras su líder se toma unas pintas en cualquier pub entre belgas

Continúa el serial catalán cuando creíamos que se acababa. Faltó un 'continuará' para darnos pistas. Pero nada, ni un indicio, salvo unas misteriosas palabras de Junqueras. Nos vendieron que este procés -tan de Buñuel o Valle- era un empeño político, pero quedó en folletín por entregas con este epílogo del ciudadano Puigdemont ('Putxi' prófugo desde ahora) paseando su flequillo por Europa. Emoción o giros imprevistos no le faltan a este docu-drama que promete aún la escena de la sufrida Forcadell -la jacobina beata y odiada-, de mártir presa dando el mitin a trileras y traficantes que soporten su cansino runrún en el patio de algún penal lejos de su ilusoria patria.

Vamos ya por Bruselas donde 'Putxi' se plantó vía Marsella en busca del abrigo de sus valedores flamencos, únicos en compadecerse del sinvivir indepe. Allí pretenderá meter follón pero será inútil. Se le pasó la hora, la de España y la de los fanáticos de la CUP que a ver cómo se toman quedarse sin líder y ante la poli mientras que el ex honorable se toma unas pintas en cualquier pub entre belgas. Cuídate 'Putxi' de los del pelo a la taza.

La función parecía concluir con el caer de telón de amianto que por fin soltó Rajoy 'el paciente'; con Soraya de virreina pizpireta-obediente; y con Cataluña, orgullo cosmopolita otrora, espejo contemporáneo de España, rebajada a cateto terruño con empresas en fuga, el turismo arrasado por la amenaza convulsa y los despachos tomados por madrileños con poca gana de algazaras.

Pero seguía el sainete y sus sorpresas. 'Putxi' podría acabar aún hasta cantando una de los Beatles guitarra en ristre en algún metro de Europa, pues ficción y realidad ya se han fusionado en este pobre serial de personajes sobreactuados.

Sería risible, pero todo esto nos deja un sabor amargo a los que nos duele tanta fractura de lazos invisibles tejidos durante siglos con la tierra catalana. Hay daño y engaño. Y eso no tiene puñetera gracia. Este cuento deja a los suyos ante la desolada realidad de una república independiente manifestada e irrealizada.

No querría yo ser independentista en estas semanas tras el descorchar de botellas de cava por una república en pugna con la anterior en breve y absurda, tanto como este epílogo de 'Putxi el fugitivo', el desaprensivo cruel, natural de Girona.

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