Mirada alrededor

Juan José Ruiz Molinero

jjruizmolinero@gmail.com

Ilusiones

No olvidemos a los niños que reciben de regalo bombas en vez de juguetes, pero seamos irreales por un día

La ilusión nos hace niños permanentes. Quizá por eso habría que respetar fechas -cualquiera que sean, porque en todas las culturas las hay- en las que se creen en cosas fantásticas, en papás noeles, reyes magos, papás, mamás, abuelos, parejas, familiares y amigos que nos van a hacer un regalo, es decir colmar una ilusión, por pequeña, insignificante o provisional que sea, como aquellos muñecos de cartón de antaño que se deshacían al caer accidentalmente en un cubo de agua. Como se ha deshecho la bananera república que el grotesco mago Puigdemont prometía a los catalanes.

Entre realidad e ilusión suele haber un abismo. Lo analizaban, desde los primeros tiempos del pensamiento, Platón , Artistóteles y siguieron todos los demás, desde Hegel a nuestros días. Calderón de la Barca decía que "toda la vida es sueño y los sueños sueños son". Ramón de Campoamor aconsejaba no rechazar los sueños -"¿Sin la ilusión el mundo qué sería?"- y un romántico como Víctor Hugo proclamaba que "el alma tiene ilusiones, como el pájaro alas". Claro que también algunos ideólogos han pensado, como Lenin, que "salvo el poder, todo es ilusión". Pero, en fin, cada uno puede coger un catálogo de ideas o asomarse a internet, si no quieren molestarse en repasar su biblioteca, si la tienen. Es lo que hacemos muchos articulistas que queremos demostrar nuestra cultura. Yo, casi siempre, prefiero citarme, porque al fin y al cabo, es más cómodo y, sobre todo, más cercano y el lector puede pensar lo que quiera.

Es verdad que en estos días de cabalgatas, más o menos polémicas, pobretonas o bien costeadas, con sus carrozas de marcas comerciales y sus reyes y reinas, maquillados o de color real, no se deberían olvidar a los niños que reciben de regalo bombas en vez de juguetes, pero seamos irreales por un día. Gocemos con los niños y con nosotros mismos, porque contribuimos a su felicidad momentánea. Tiempo tendrán en admitir, con Oliver Wendell, que "la ilusión es la hermana menor del desengaño". Hoy, que me ha dado por mencionar a los demás, recurriendo a las citas fáciles de encontrar, concluiré con lo que dice José Narovsky: "Las leyes condenan al que roba un pan y absuelven a quién roba una ilusión".

Perdonen que no continúe, pero tengo que madrugar para ver lo que me han dejado los Reyes.

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