Crónica personal

Pilar Cernuda

In extremis

POR los pelos, in extremis, con unas negociaciones de última hora de las que provocan infarto porque se barajaba la posibilidad de que Zapatero se viera obligado a disolver las Cámaras y convocar elecciones. Pero al final CiU y PNV decidieron echarle una mano y abstenerse en la votación de un proyecto de ley que no gusta ni a los nacionalistas catalanes ni a los vascos.

El PSOE contó, como siempre, con la ayuda de los habituales, Coalición Canaria y UPN. El PP votó en contra como advirtió desde el primer momento, no está de acuerdo con el proyecto de negociación colectiva y no quiso abstenerse a pesar de que desde otros grupos les decían que esa posición era irresponsable. No lo dudaron, como no dudaron tampoco hace un año cuando Zapatero presentó a las Cortes su proyecto de ley de reformas económicas. Explicaba Rajoy entonces que no podía apoyar un proyecto que, a su entender, profundizaba en la crisis económica y en ningún caso creaba empleo, que es la prioridad de quien gobierna y de quien aspira a gobernar. No le faltaba razón: el propio Zapatero tuvo que dar un giro a ese proyecto que efectivamente no era el más adecuado para salir del hoyo.

En esta ocasión se repite la historia, ocurre exactamente lo mismo: la negociación colectiva que presentaba el Gobierno irrita a los empresarios, irrita a los sindicatos -ya es difícil irritar a los dos al mismo tiempo- y ha sido acogida con críticas severas por los partidos de la oposición, que la consideraban inadecuada. Sin embargo, CiU y PNV han permitido con su abstención que saliera adelante, por responsabilidad política, dicen, y en el caso del PNV porque a cambio ha logrado algo que exigía desde hacía tiempo: los convenios firmados en el País Vasco tendrán prevalencia sobre los que se firmen en el ámbito español. El PNV siempre se vende caro, pero la crítica no debe recaer en los seguidores de Urkullu, sino en quien acepta sus exigencias.

Zapatero necesitaba salvar ese escollo para presentarse mañana en Bruselas. El Consejo Europeo estará más pendiente de Grecia que de España, de Papandreu que de Zapatero, pero aun así el presidente español está obligado a llevar un plan de reformas laborales, porque se lo exigió Bruselas y en la Unión Europea hay que ir a las reuniones, sobre todo a los Consejos, con lo deberes hechos. Y los ha hecho. Cosa distinta es que en Bruselas acepten el plan que lleva Zapatero, no sería la primera vez que le mandan de vuelta a casa con el recado de que vuelva a hacer las tareas porque las primeras no merecen aprobado.

Atentos por tanto a la jugada. El Consejo de Ministros aprobó la negociación colectiva tras romperse las negociaciones entre sindicatos y empresarios; y ahora, el Congreso aprueba el decreto con toda la Cámara en contra, excepto los diputados de CC y UPN.

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