La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Maniobras epistolares

El de enfrente es gallego de partida. Y sabe que el tiempo y la calma juegan a su favor con una economía en estampida

El tan ansiado diálogo entre presidentes al final fue epistolar. Le han pillado gusto a escribirse y a lo mejor vamos a tener hasta buenas lecturas en los próximos días. Carta va de Madrid a Barcelona y carta viene de vuelta. Y así estaremos, girando la cabeza de un lado al otro siguiendo esta partida de ping-pong que, si no fuera por el dramatismo de la que se nos viene encima, podríamos hasta tomarla como algo divertido. Pero no lo es cuando están en juego muchos sufrimientos de la gente común que lo pasará todavía mucho peor si estos dos 'Pimpinelas' no arreglen una relación tan viciada.

El muy Honorable 'Puchimón' El Ocurrente gastó los cartuchos que le quedaban y seguro que ya teme más las fieras de la CUP que a los recios trajes de los civiles. Se hizo un lío él solo y ahora ya no sabe salir con este querer contentar/disgustar a partes iguales. Ya dijimos los que vimos a muchos vender paraísos al peso que no tenía madera. Ni Mas, el gran visir en la sombra. No da ni para malo este pobre fanático al que le faltan lecturas y maneras para ser el estadista que juega a ser.

Del otro lado de la comunicación epistolar a cara de perro que se gastan tiene a todo un gallego, de los de verdad, que nos tiene a todos al borde del ataque de ansiedad permanente con sus demoras sin fecha para encargarse de cada tema. Su estrategia se ha demostrado acertada en muchos terrenos, moral aparte, claro, como en lo de salir a flote en la cloaca de los corruptos sin que le salpique casi nada. Arte no le falta, y eso que todos le tenían por un Claudio que no se enteraba. Al primero que sorprendió fue al que le nombró a dedazo limpio, Aznar, y de ahí ha ido dando sorpresa tras sorpresa, cabreando a sus enemigos internos y externos y acertando con su oportunismo certero y ventajero.

Este jugar de 'Puchimón' a la gallega, a responder con ambigüedades, ya se ve que lo tiene más que perdido de partida. El de enfrente es gallego de partida. Y juega en su terreno. Y sabe que el tiempo y la calma juegan a su favor con una economía en estampida. Él es el ambiguo por antonomasia y en este carteo que se traen no le va a vencer tampoco por aburrimiento, ni por dilaciones, ni por retorcer más los conceptos. Y en esta partida de nervios, el que pierde es el que sonríe primero.

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