La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Mirar por Cuenca

Algunas fotos y titulares con declaraciones de intenciones pero grandes ausencias en los momentos claves

La falta de imaginación de ciertos políticos menores, que son los que más abundan y encima cobran, es la factura a pagar por dejar lo público en manos fútiles, mandamases que gobiernan como quien sigue manual de instrucciones, ajenos a la certeza de que en la dirección de lo común pensar más allá del marco de lo posible es lo que lleva a las tan necesarias grandes soluciones.

El tono gris sigue en el Ayuntamiento, después de que a muchos nos diera alegría creer que Paco Cuenca significaría un cambio de rumbo, de maneras, de espíritu si me apuran. Pues nada. Todo igual en la Plaza del Carmen, cuando seguir igual es acercarnos más aún al abismo, con cambio de siglas pero no de las actitudes funcionariales, tras el periodo de gracia que damos por ver cómo se fajan en la pelea los que se postulan como capaces. Nada. Abulia, algunas fotos y titulares con declaraciones de intenciones pero grandes ausencias en los momentos claves, en aquellos en los que hay que arrimarse al toro y cabrear a los propios si de verdad se quiere lidiar al toro. Poco torero para tanto toro.

Es en las redes sociales donde mejor se mide hoy la respuesta del respetable. Y en el caso de Cuenca hemos pasado de las palmaditas y el "venga, que tú puedes" a una acritud en cascada en los mensajes con retirada de apoyos personales.

Ha sido Antonio Cambril, nuestro mejor notario de esta actualidad local tan rara, quien mejor ha sentenciado la enanez política de este nuestro alcalde-maniquí, más amigo del postureo que de los problemas reales, en los que parece que no se pringa por no ensuciarse. Cambril solo pone por escrito (y muy bien expresado, ojo) algo que todos intuimos: que Cuenca mira más por Cuenca (con perdón) que para Granada con ese nadar y guardar la ropa desde una alcaldía con legado maldito, sí, para la que hacía falta alguien con más fuste, más calado y, especialmente, mucha más mano. "Otro más", mientras que la ciudad se va por el sumidero, el olvido, el desespero, con Hacienda amagando una intervención merecida que ponga en su sitio a este desfile grotesco de alcaldes sin fuste, ni horizontes, esa sucesión de errores que han sumido a Granada en lo que ahora ha quedado convertida, esa ciudad olvidada que no resurge de esa nada nadeante en la que se afana sin encontrar salidas ni solucionar nada.

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