La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Montoro y el Sr. Burns

Nada habría que objetar a su trabajo, si viéramos este mismo celo recaudador en todos los niveles

Ver al Sr. Montoro, con su creatividad impositiva desatada, generando nuevos modos de esquilmar al ciudadano de a pie día sí y día también, me afianza en la idea de que este recaudador de impuestos al servicio del más corrupto de los partidos debe disfrutar viendo Los Simpson. Ficción y realidad se entrecruzan como ocurre ahora en este mundo de la política ficción en el que hemos entrado tras la última crisis.

Con un déficit descomunal, casi sin fondos para pensiones y con tanto que devolver a Europa, al contable de Rajoy, Sr. Montoro, solo le queda buscarse la vida para conseguir más y más pasta de donde sea, salvo a los ricos-ricos a los que no se les puede tocar so pena de que se fuguen con sus millones. El sistema este que soportamos hace la vista gorda con los peces gordos y va a por el más mínimo céntimo que gane el currito que, cual conejillo en la jaula, no tiene dónde escabullir su ya de por si magro sueldo.

No creo que sea sólo un trabajo para el esforzado Sr. Montoro. Se le ve que disfruta, al igual que su modelo en la ficción, ese personaje inventado cuyo parecido físico es más que una coincidencia. El Sr. Burns de la serie vive para su trabajo, para sacar más y más de los empleados. Como Montoro vamos, solo que este dirige la contabilidad de esa gran empresa casi privada en que han convertido la gobernanza de España.

Afortunadamente, el Sr. Burns no existe más que en la ficción. Pero es que para la realidad ya tenemos a nuestro implacable ministro de Hacienda, a quien no cuesta imaginarse frotándose las manos mientras trama una nueva forma de apretar aún más la tuerca impositiva. Porque para estos sujetos, nunca es suficiente. Debe haber algo vocacional en el ejercicio de su función. No de otra manera se explicaría su puntería al levantar la alfombra del patrimonio de todos. De cada uno de ese todo que somos los contribuyentes.

Nada habría que objetar a su trabajo, que de alguna manera debería acabar beneficiándonos a todos, si viéramos este mismo celo recaudador en todos los niveles. Pero no. Es tolerante con los que ya pasaron por los juzgados de su propio partido. De ahí que el Sr. Burns, el de la ficción, si un día se materializara, seguro que seguiría muy atento las intervenciones de nuestro ministro, fuente de creatividad recaudadora donde las haya.

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