La pica en flandes

Francisco J. Domínguez

Mujeres vejadas

EL electoralismo no tiene límites. La Junta de Andalucía está dispuesta a entregar 1.800 euros a aquellas mujeres que fueron vejadas, ridiculizadas o que sufrieron los ataques de la sinrazón franquista. Hace referencia la norma a aquellas mujeres que sufrieron purgas, rapado de cabeza o incluso violaciones en el periodo más oscuro de la historia reciente de España. Aunque no debemos olvidar todo lo ocurrido durante y tras la contienda, medidas de este tipo no hacen sino poner de manifiesto que todavía hay quienes están dispuestos a utilizar la Guerra Civil para captar votos y para resaltar visiones maniqueas de buenos y malos sobre un conflicto que ha sido ya afortunadamente superado por el subconsciente colectivo de la sociedad. ¿Dónde están los límites de estas ayudas? ¿Cómo se demuestra siete décadas después que una mujer barrió las calles de su pueblo después de ser rapada e insultada? ¿Por qué ahora sacar a pasear estos fantasmas? Me pregunto además cómo se diferencia la vejación del daño psicológico que sufrieron cientos de viudas que quedaron con hijos y que aún no han visto un duro de ayudas de este tipo. ¿Cómo se van a identificar las causas de las solicitantes en un asunto que en la mayoría de los casos tiene mucho que ver con la intimidad de las víctimas? ¿Por qué nadie recuerda los atentados contra el patrimonio de los milicianos y la quema de iglesias? Hay mucha tela que cortar pero en la política que rodea a los asuntos de la memoria histórica hay mucho electoralismo barato. No creo que nadie deba estar en contra de que se levanten las fosas comunes, de que se analice el pasado, de que se dé digna sepultura a los represaliados, pero de ahí a los espectáculos que han montado algunos va un trecho.

Además, y como reflexión, la mayoría de las mujeres que pudieron sufrir esos malos tratos han muerto o son ya muy mayores. ¿Cuántas van a solicitar la ayuda anunciada por la Junta de Andalucía? La medida cumple, como decía, todos los requisitos del electoralismo. Tiene eco mediático por lo absurdo de la misma, provoca la respuesta de la oposición, que entra al trapo y se la vuelve a poner de mala, y tiene un coste relativamente reducido porque hay pocas ciudadanas que cumplan todos los requisitos de la norma. Como muestra un botón. Una mujer que tuviera 20 años en 1940 tiene ahora 90. ¿Cuántas quedan? Muy mal le deben ir las encuestas a José Antonio Griñán para que la maquinaria se haya puesto a trabajar tan pronto a la desesperada. Pero es que, además, me temo que ésta no va a ser la última norma de este tenor que se alcanza de aquí a 2012.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios