Crónica Levantisca

Juan Manuel Marqués Perales

jmmarques@diariodecadiz.com

Narcoeconomía

Habría que preguntarse lo contrario: cuántos trabajadores obvian el mercado laboral por los beneficios del narcotráfico

La droga ya es lo suficientemente atractiva como para que andemos dando cobertura social al narcotráfico. Por pequeña que sea. En los comentarios que se oyen estos días y en los análisis que se escriben a raíz de los sucesos del Campo de Gibraltar, suele ser un argumento compartido que el narcotráfico se extiende por la comarca sobre un caldo de cultivo de desempleo, uno de los más altos de España. Tendríamos que comenzar a preguntarnos cuántos puntos de tasa de paro se deben, en realidad, a la droga; es decir, cuántos trabajadores obvian de modo voluntario del mercado laboral para dedicarse a un negocio ilegal que da inmensos beneficios, tiempo libre, poca carga de trabajo a cambio de un riesgo carcelario que, en el caso del hachís, casi nunca supera los cuatro años.

No creamos que el narcotraficante no tiene otro modo de vida y que por eso, casi muerto y angustiado por no poder dar de comer a su familia, se tira al delito. No le demos este argumento social porque es falso. El narco se dedica a ello porque es fácil y porque trabajar de verdad es complicado, por lo general se paga mal, consume buena parte del tiempo vital y, además, se necesita el esfuerzo continuo de la formación. Cuando un alumno, en un caso ya célebre, le chuleaba en Barbate al maestro con el dinero que él ganaba en cada descarga de hachís, porque triplicaba al salario del docente, no lo hacía obligado por la miseria, sino caído ante el atractivo del dinero fácil y de ese romanticismo criminal que muchas películas y series patrocinan. Veo Fariña, que es una magnífica serie, y me pregunto: ¿no hay nadie feo, joé?

El Campo de Gibraltar, en efecto, arrastra un problema de desempleo muy grave, pero el origen del narcotráfico no es éste, sino que Marruecos está a 16 kilómetros de distancia, a menos de media hora en moto acuática, y que en España y en Europa se consume mucha droga. Se trata de un mercado ideal e ilegal que hay que conllevar, acotar, para que no termine por corromper a la sociedad ni por convertir a los narcos en dueños de la calle, que es lo que ha comenzado a pasar en La Línea. Lo hemos visto en el hospital, en los restaurantes del Rinconcillo y en la playa de Getares: se sienten dueños. ¿En qué se diferencia lo del Rinconcillo a lo de Alsasua? Sólo en una cosa: en el motivo político de los segundos.

Claro que el Campo necesita una ayuda inversora del Estado, pero vamos a dejarnos de más planes milongas, saquen al puerto de su mísera salida ferroviaria y dejen de discriminar a Algeciras frente a Barcelona y Valencia.

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