Quosque tamdem

Luis Chacón

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Neopuritanos

Creo recordar que el populacho judío condenó a Jesús y salvó a Barrabás

Contaban en la España de posguerra que en Francia -siempre lasciva y libertina- Rita Hayworth se desnudaba al ritmo de Put the blame on Mame, mientras que aquí, Gilda sólo se desprendía de aquel larguísimo -y pecaminoso para los censores- guante de seda negra. La falsa moral es así. La censura acaba en esperpento porque el censor siempre es de piel muy fina y al populacho -término cuyo clasismo asumo- le divierte mucho más un buen linchamiento que un juicio justo. La acusaciones contra Woody Allen, a quien le quieren retirar la estatua en la misma Oviedo donde recibió el Premio Príncipe de Asturias y a la que universalizó en su oscarizada Vicky, Cristina, Barcelona, nos debería llevar a una profunda reflexión sobre la justicia. Mucho más, cuando algunos, hasta pretenden prohibir su obra. Tanta moralina va a acabar con el arte. Entre la exigencia de rectitud al propio artista y los límites que quieren imponer a sus creaciones no nos van a dejar leer ni los prospectos de las medicinas.

¿Basta una mera acusación para condenar a alguien? ¿Es argumento suficiente que algunos, o muchos, crean al denunciante? ¿No sirve de nada que ya fuera archivado el caso? Es increíble que debamos desempolvar el debate dieciochesco sobre las libertades individuales o recordar que el derecho a un juicio justo es un derecho civil básico e irrenunciable. No hay fuerza suficiente en el mero crédito del denunciante. La condena ha de surgir de la certeza racional sobre la comisión del delito. Pero se ve que al catarismo postmoderno lo de respetar la presunción de inocencia o el derecho a la defensa y a un juicio justo les suena a exquisitez burguesa y liberal. Los inquisidores de estos tiempos de neopuritanismo y censura, se arrogan la posición de fiscales, jueces y verdugos. Y no hay apelación posible. El pueblo es el juez supremo. ¿Qué necesidad habría de tanto tiquismiquis si todo está meridianamente claro para ese pueblo, que es sabio y jamás yerra? Creo recordar que el populacho judío condenó a Jesús y salvó a Barrabás.

Para quienes nos enorgullecemos del viejo liberalismo surge una pregunta crucial, ¿esto es justicia o linchamiento? Es bueno recordar que durante los juicios a las brujas de Salem, el reverendo Mather adujo la conocida fórmula de Blackstone que tan bien sintetizó aquel gran liberal que fue Franklin: es mejor que diez culpables escapen a que un solo inocente sufra condena.

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