La esquina

Niños delante de la tele

EL primer informe del Consejo Audiovisual de Andalucía sobre menores y televisión ha venido a constatar un secreto a voces: los niños andaluces ven mucha televisión, demasiada, y ven programas no específicamente infantiles.

Dos horas y media al día, todos los días de la semana, son excesivas para criaturas que se supone han de hacer los deberes y madrugar para ir al colegio, y probablemente el hecho no sea ajeno a la disminución del rendimiento escolar. ¿Y qué ven? Pues un poco de todo de lo que les ponen las cadenas, nada cuidadosas con los horarios de programación infantil a que les obliga la ley.

La estrella de la audiencia televisiva entre los menores andaluces son las telenovelas. Doscientos setenta mil niños andaluces están enganchados a las telenovelas. Las siguen a diario. Es un género que enseña mucho sobre las pasiones de los seres humanos, aunque su conocimiento puede perjudicar más que beneficiar cuando se produce tan precozmente. Antiguamente una de las tareas primordiales de los padres era la administración de los secretos de la vida a sus hijos. Ahora los administra la televisión. Mejor dicho, los desvela de golpe, sin atender a edad ni circunstancia.

Y es que la televisión se ha erigido en la niñera de nuestro tiempo. Teniendo en cuenta que a la televisión le importa más bien poco la educación de los niños, la situación puede considerarse grave. En el 31% de los hogares hay un televisor en la habitación de los niños, lo que prácticamente les garantiza un menú a la carta, sin vigilancia ni límites. Ellos controlan el mando.

Deberían controlarlo los padres, pero, ay, los padres suelen estar trabajando fuera de casa y les cuesta un mundo dedicarles a los niños el tiempo que necesitarían para un desarrollo equilibrado. La mayoría de ellos piensan más en su propio, y merecido, descanso que en ocuparse de los pequeños, y así van criando sin saberlo monstruitos televidentes que les resultan perfectamente desconocidos. Cuando reaccionan ya tienen poco que enseñarles a unas personas que para entonces son adolescentes respondones que viven en otro mundo.

Esto es lo que hay: cambios en el modelo de familia, trabajos con horario irracional fuera del hogar, irresponsabilidad frente a la pesada carga de la educación y la tele que llega a todos los rincones y se mete en todos los cerebros. El entorno tampoco ayuda. Nadie quiere oír hablar del sacrificio, los deberes han sido declarados obsoletos, los padres se obstinan en ser colegas de sus hijos en vez de padres y el cariño verdadero, que ni se compra ni se vende, se ve reemplazado por cosas que sí se compran, juguetes y regalos, con y sin motivo. Y mientras, la telenovela hace de profesor.

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