J. Díaz / Librero

Nombres propios

DESPUÉS de cincuenta años se ha traducido y esta disponible el libro Shakespeare and Company de Sylvia Beach. Se trata de un texto íntimo, no académico, lleno de información muy interesante para todo aquel que está relacionado de alguna manera al mundo del libro. Son las memorias de una irrepetible librera y editora, crónica de un tiempo extraordinario por el inusual número de celebridades literarias a las que supo aglutinar en su maravillosa librería, punto de reunión de los grandes autores franceses y anglosajones de la época. Fue la editora que con osadía y coraje publicó Ulises de J.Joyce. Conocemos de primera mano las numerosas dificultades que tuvo que sortear para llevar la obra a sus suscriptores. Al principio se publicó por entregas en una revista literaria americana, tachado de pornográfico los ejemplares que llegaban a América quedaban secuestrados en las oficinas postales por el celo censor de la Sociedad para la Supresión del Vicio. En Gran Bretaña ningún editor se atrevía a publicarlo, los impresores y editores ingleses siempre han sido muy meticulosos. Su prudencia es excusable porque si las autoridades encuentran algo objetable en un libro, solo ellos son los responsables. Los pocos ejemplares que lograban superar las fronteras lo hacían disfrazados como obras completas de Shakespeare o cambiando las tapas originales por las de otros libros de las mismas dimensiones.

Eran los tiempos en los que el trabajo editorial se asociaba a un nombre propio. En nuestro caso los editores se llamaban Aguilar, Montaner, Espasa… empresas casi familiares en las que la pasión por publicar se acomodaba a legítimos beneficios con los que poder seguir publicando. Ahora hay enormes grupos editoriales que se proponen como objetivo beneficios más propios de otros sectores de la industria, de los que proceden en buena parte la mayoría de sus agresivos directores. El editor que trabajaba buscando belleza y talento ha sido sustituido por el hombre-cifra que con el rabo del ojo mira al autor y con los dos ojos los resultados económicos. La distribución esta más pendiente de colocar los productos más aptos para el mercado en detrimento de otros libros que aun siendo importantes no significan tanto en la facturación. Donde antes había una librería en la que el empleado leía y sabia de libros ahora nos encontramos con una macrotienda donde también se pueden adquirir vídeos, CD y ordenadores. Es un sistema que ha apostado claramente por privilegiar el aspecto comercial antes que cualquier otro.

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