Enrique Novi

Números, letras y erratas

CÓMO responder a la pregunta de si hay mucha o poca diferencia entre 'dos' y 'tres'. Puede depender de con qué otra cifra o magnitud se compare. Sería un criterio, cardinal en este caso. Pero hay otras muchas maneras de enfocar la cuestión. Un único escalón numérico puede suponer la frontera entre lo normal y lo anómalo, si contamos los dedos de una mano, por ejemplo. Puede convertir una relación permisible en escandalosa y la rutinaria en una experiencia inquietante y morbosa. También puede conllevar una catástrofe si aplicamos la diferencia al cálculo de un ingeniero que trata de que se sostenga un puente en su justo equilibrio. O a la fórmula de un químico o un alquimista en busca de las propiedades concretas de una sustancia. Visto de este modo, una simple errata que sustituye una cifra por la otra no parece algo demasiado dramático. Y sin embargo te puede cambiar la vida. No sería la primera vez que alguien pierde un trabajo o a su gran amor por culpa de una maldita errata. Son unos seres caprichosos, escurridizos, fugaces, amorales, encantadores como traviesos duendecillos, detestables e indetectables, porque al detectarlos dejan de ser. Salvo que sea tarde y entonces pasan a la categoría de eternos. No siempre son sencillas erratas. A veces son interpretaciones llevadas al extremo, que arruinan un futuro prometedor, como le sucede al protagonista de La broma de Kundera. Y otras son simples consecuencias de la ignorancia a las que no se les debe atribuir la magia de las erratas. En una ocasión me topé con una enciclopedia que decía glosar la historia del rock and roll. Se afirmaban en un capítulo que el grupo del que provenían The Clash eran The Lolers. Sin duda habían confundido la 'l' con el número 1, pues se referían a los 101'ers. No mencionaremos el nombre del autor, uno de los más veteranos periodistas musicales españoles, para ahorrarle el oprobio. Hace dos semanas esta misma columna debió empezar diciendo: "En el mundo hay TRES clases de personas; las que sabemos contar y las que no". Pero el hada mala que habita entre las teclas quiso que en su lugar se colara el número dos. Me dejó sin chiste, pero bien pensado, no hay demasiada diferencia.

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