Editorial

Papeles, secretos y democracia

LA detención de Julian Assange, fundador del portal Wikileaks, por presuntos delitos de acoso sexual cometidos en Suecia, y las operaciones de recorte de financiación y restricciones cibernéticas a dicha compañía están culminando el estrellato mediático del personaje, dedicado a difundir documentos secretos de Estados Unidos. Famoso por haber desvelado acciones irregulares de las tropas estadounidenses en Iraq y Afganistán, Assange ha pactado la publicación por cinco periódicos de referencia de 250.000 papeles archivados por el Departamento de Estado USA, básicamente informes de las embajadas norteamericanas en todo el mundo. El valor político de tales documentos es variado. Incluye valoraciones de estadistas extranjeros, gestiones de los diplomáticos en defensa de los intereses nacionales de Washington y otras actividades directamente entroncadas con el espionaje. En muchos casos se trata apenas de resúmenes de noticias ya publicadas en los países de origen, adobadas con comentarios más o menos acertados de sus autores. En otros dan cuenta de informaciones relevantes que han sido ocultadas a la opinión pública en aras de la verdad oficial de los gobernantes. Éstos son los significativos. Permiten a los ciudadanos enterarse de actividades y posiciones que los gobiernos han intentado mantener en secreto. En la medida en que se desvelan manipulaciones interesadas de la realidad, estos papeles sirven al objetivo de la transparencia siempre necesario en las sociedades democráticas. En lo que se refiere a España, los documentos aireados hasta ahora reflejan que el Gobierno ha aceptado las posiciones del 'amigo americano' en relación con causas judiciales que investigaban actividades comprometedoras para el ejecutivo y el ejército estadounidenses, como el caso Couso o los vuelos de la CIA por el espacio aéreo español. La última revelación indica que Zapatero ofreció la base de Rota para ampliar la presencia militar norteamericana en España. Son noticias importantes, cuya difusión se justifica por sí sola, independientemente de la personalidad de Assange y de los fines últimos y los intereses de Wikileaks.

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