La columna

Juan Cañavate

R.C.S.

CUANDO esta mañana me he mirado en el espejo, he visto frente a mí a un ser que me resultaba familiar pero que no era yo y, como Gregorio Samsa, el celebre personaje de Kafka, he descubierto que una involuntaria metamorfosis me había convertido en una nueva especie conocida como Responsable Civil Subsidiario que por mantener una lejana fidelidad al clásico, viene a ser como un escarabajo pelotero pero con la costumbre, más surrealista aún que lo de Kafka, de pagar todas las tonterías que hacen los demás y como la metamorfosis, además, da cierta resignación ante lo inevitable, me he puesto a calcular a cómo me iba a salir la broma y si podía ser verdad la cifra de 250 millones que se andan manejando algunos, no sé si Pepín o el ínclito Sebastián, que resulta que, a toro pasado, es ministro de turismo.

La patronal del hospedaje, por dejar las cosas claras, ha dicho sin cortarse que, más que doscientos cincuenta, casi mil ha sido los millones que se han ido a la porra con el controlazo y que si los chicos del stress no lo pagan, pues que lo pague yo, el escarabajo o sea, el R.C.S. que Hacienda somos todos, menos los empresarios.

Y siguiendo con las cuentas a las bravas, concluía, mientras me rascaba con la pinza, en que si en un día y medio y sólo con contar las tropas aerotransportadas, se movía tal pastón ¿qué no se moverá en todo el puente de la Constitución contando además los trenes, autobuses, coches particulares y cruceros que tan de moda están últimamente?

Que si mil son por los que van en avión y el primer día, más de diez mil acabarán siendo en total y que viene a ser en un puente, casi más de la mitad de lo que el gobierno quiere sacar perdonando los impuestos a las empresas y quitándole los cuatrocientos euros a los parados y que, dado que este país saca más dinero del no trabajar que del hacerlo, no sería mala idea y por resolver la cosa, que hubiera la semana que viene otro puente y la siguiente, otro y así hasta llenar caja y que buen sistema es de seguro en un país que vive más del descansar que del producir y del baile que del estudio, que bonita han puesto otra vez la cosa de la enseñanza los del informe PISA y es que los controladores, nos han herido en lo más íntimo y profundo: un puente y eso alguien tiene que pagarlo, aunque sospecho que volveré a ser yo.

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