La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Razón poética

La condición femenina no necesita definirse en contraposición a nadie sino afirmada en su raíz

De poemas y público se llenaban días atrás las librerías de esta ciudad que luce ufana el ampuloso título de 'poética'. La primavera traía eso, poesía, a los espíritus a punto de estallar. Y, para completar el renacer general, asistí a las jornadas 'Levántate amiga y ven' organizadas en la Galería de Arte Toro -espacio al cuidado de la galerista Cipriana Soto-, ciclo donde muchos nos zambullimos gozosamente en esta nueva realidad femenina contada, claro está, por ellas, con interludios de piano deliciosamente interpretados por la pianista Ana López Cenizo, inquieta catalana-granadina que también promueve La colmena que dice sí, famoso mercadillo ecológico en el bar La Goma.

Una esquina de galería y bar en el barrio de la Magdalena donde volver a ser uno mismo y sentirse respetado mientras respiras el aire nuevo que brota desde el silencio en el que se movía lo yin, contrapeso lunar, necesario y nuevo a lo yang ya conocido.

Cuesta hacerse a los cambios, pero es lo que se impone. Y si encima lo escuchas con fondos de piano de cola como guinda a cada intervención desde lecturas bien digeridas, sin el vocerío de la crispada moda del género que a todos nos sonroja, entonces descubres que esta condición femenina no necesita definirse en contraposición a nada sino, como así escuché, afirmada en su raíz, en su otredad de un distinto sentir, misterio al que hay que rendirse y pararse a contemplar cómo cuentan lo suyo en primera persona.

La revolución que llega o será poética o no será, leí por ahí. Y así lo confirmó la escritora Ana Silva Cuesta -experta en María Zambrano, que aclaró con hondo y sereno sentir la viveza de esta filósofa de alma reunificada- y muchas voces más que mostraban la riqueza del caleidoscopio femenino (Ángeles Mora y Mónica Doña con sus propios poemas comprometidos; el escritor Francisco Acuyo a propósito de Elena Martín Vivaldi; Margarita Buet con sus lecturas sobre la mujer rural o, entre muchas y ya de cierre, la tenue voz de Patricia Castilla).

Tarde a tarde me puse en la piel y en los tacones de quienes ya no están ni en segunda fila ni observando sino andando caminos sin victimismos, como victorias de Samotracia que amplían un esquema escaso para ese mundo amplio y desconocido que, para todos, está siempre por venir.

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