La ciudad invisible

César Requeséns

crequesens@gmail.com

Venezuela atroz

La revolución quería repartir el pan y acabó implantando el hambre universal. Y si no hay pan al menos libertad

Me duele Venezuela. Y a cualquiera. Porque los sentimos como primos y parte de esa gran familia que vive en español. Ellos tienen más gracejo en como lo pronuncian, pero de un tiempo a esta parte ya nada hace gracia si viene de Venezuela. Se ha vuelto agrio todo lo que llega de allí, desde que empezaron a sonar los disparos, desde que surgieron los salvapatrias que le pillaron gusto a ocupar el sillón y nombrar herederos a dedo.

Nos duele Venezuela porque hay hambre allí. A pesar de los diarios, sabemos por las decenas de miles de emigrados, por los conocidos de allí que el día a día es un calvario en el que lo que importa es que los enfermos de los hospitales coman, que los bomberos tengan agua para apagar fuegos o que puedas parar en un semáforo sin que un tipo te ponga una pistola en la sien. La revolución quería repartir el pan para todos y acabó implantando el hambre universal. Y si no hay pan al menos libertad.

Me dolió especialmente ver a un político (ya no sé de qué bando, pero supongo que eran de los malos según el gobierno, aunque en Venezuela ya no se sabe quiénes son eso, los malos) al que le partieron literalmente la cara por querer acceder al Parlamento disuelto por un tribunal de colegas ya maduros que emiten sentencias al dictado. Daría risa algo así si no fuera porque a los manifestantes (esos 'contrarevolusionarios comemielda' que diría el recalcitrante de turno) los disuelven a tiros los uniformados.

Ahora que Cuba se está humanizando, ahora que China se suaviza, en Venezuela quisieron cubanizar lo humano. Quisieron exportar revolución y se toparon con sociedades donde la demagogia se ve tan mal como la injerencia exterior. Los del estómago agradecido miran para otro lado pero en tiempos, Venezuela era su ejemplo de futuro. Iluso populismo simplón.

Me duele Venezuela. Porque al político Juan Requesens (que debe ser un primo muy lejano) le partieron la cara en plena calle camino de su escaño, mientras que nuestros diputados en sus poltronas calentitas ya sólo piensan en la extra. Si, también los podemitas.

Si no nos duele Venezuela es que estamos casi muertos. Porque allí se está cocinando una guerra civil a la que le falta el pico. Por el hambre, por las formas, por la idiocracia trumpiana de ese fruto maduro a punto de caer. Agítenlo pues.

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