Quosque tamdem

Luis Chacón

luisgchaconmartin@gmail.com

Vidas paralelas

Creo que tanta obsesión por hacer público lo privado está creando un mundo paralelo trufado de mentiras

Vivimos expuestos en un escaparate virtual en el que cada vez parece más importante el envoltorio que el continente y en el que casi no se presta atención al contenido. Millones de personas retransmiten sus vidas en un riguroso directo y a través de las redes sociales. O mejor, lo que quieren hacer creer que es su vida. Al final, da la impresión de que en la sociedad digital sobrevivirán quienes muestren un elevado grado de aparente sociabilidad que no es más que puro exhibicionismo. Nada existe si no se comparte. Nadie existe si no colecciona reacciones. Nada existe si no obtiene comentarios. Aunque también es cierto que llaman compartir a lanzar al éter -que dirían nuestros abuelos- algo que solo interesa, si acaso, a un puñado de personas y que las reacciones se limitan a dar un golpe de ratón sobre algún icono o mostrar unas caritas que pretenden expresar algo tan complejo como son nuestros sentimientos. Y lo más curioso de todo es que resulta indiferente que se haya visto o leído aquello que supuestamente ha gustado tanto.

No sabría explicar muy bien porqué pero creo que tanta obsesión por hacer público lo privado está creando un mundo paralelo trufado de mentiras y falsedades que va a fracturar a la propia sociedad entre los que viven en la realidad y quienes se crean otra para convencerse de que la mayoría respalda sus ideas políticas, sus gustos personales, sean sobre literatura, música o cine o su posición inquebrantable en ese debate eterno de la cocina española sobre si la tortilla de patatas lleva o no cebolla. Leer las redes sociales y pasearse por la calle es un autentico ejercicio de contradicción intelectual y social. La crispación que galopa por el mundo virtual, no es, ni mucho menos, evidente en el real.

Cuando le preguntaron a Churchill sobre los mayores problemas del mundo contemporáneo respondió que uno de los más graves estaba en que los hombres ya no querían ser útiles sino importantes. Hoy ya, a muchos, les basta con ser conocidos. Y algunos se conforman con ser influencer que es como ser intelectual comprometido en los años de la posguerra: todo el mundo te halaga y te da palmaditas en la espalda pero nadie se acordará de ti en unos años. Al menos, en el mundo real, ese en el que vive y trabaja la inmensa y silenciosa mayoría que conforma esta sociedad tan viva y contradictoria como compleja, sigue siendo mucho más importante ser que parecer.

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