Quosque tamdem

Luis Chacón

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El duro español

Cataluña sigue dependiendo, quizá más que nunca, de ese 'duro español' que quema la mano del señor Puigdemont

Al señor Puigdemont se le está poniendo cara de don Basilio, aquel personaje de los Álvarez Quintero que, tras dilapidar su herencia con la música de fondo del rien ne va plus de los casinos y el tirititran de las juergas flamencas, se ve abocado a vivir de la caridad de su hermana, doña Clarines, que da título a la comedia. Cada día recibe un duro para sus gastos y cada día, para darle cierto punto melodramático al asunto, el viejo calavera masculla: ¡No puedo acostumbrarme! ¡Un Olivenza viviendo a costa de su hermana! Me quema la mano esta moneda. Pero cuando la buena señora le contesta desahogada: Pues si te quema, ¡suéltala!, suspira y se guarda el duro que, mal que bien, si no acaba en un tapete, lo hace en una taberna. El duro español también le debe quemar la mano al señor Puigdemont pero lo sigue cogiendo para poder pagar funcionarios, farmacias y demás gasto corriente.

La corrupción de los gobiernos convergentes -consentida o no y más o menos conocida por quien debió atajarla- puso a Cataluña en el disparadero. Que la familia del, un día, Molt Honorable Jordi Pujol esté imputada por un buen puñado de delitos, no es una mera coincidencia. Y que los partidos que gobernaron de modo hegemónico Cataluña hayan desaparecido, uno disfrazado de PDeCat y otro hundido en votos y olvidado de todos, deja bastante claro que la deriva independentista tiene más de huida hacia adelante de algunos que de proceso racional y planificado. En el fondo, el único objetivo aparente de Artur Más fue el de incentivar un sentimiento siempre latente como el del nacionalismo catalán para tapar las vergüenzas de CiU. No hay ningún plan para el día después. Aquella Full de ruta unitari del procés sobiranista català que proclamó solemnemente que se alcanzaría la independencia en dieciocho meses se demostró papel mojado. En caso contrario, desde el 27 de marzo, Cataluña hubiera sido independiente. Y sin embargo, sigue dependiendo, quizá más que nunca, de ese duro español que quema la mano del señor Puigdemont.

Si el gobierno controla el fin que la Generalidad da a los fondos recibidos sólo cumple con su obligación. Si, al contrario, como han propuesto algunos desde el PSOE, le condonamos la deuda al gobierno catalán, no sólo cometeremos una injusticia con el resto de los españoles, sino que incentivaremos al don Basilio del independentismo que seguirá gastándose el duro en juergas y casinos.

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