editorial

El extravío soberanista

EL Parlamento de Cataluña aprobó el jueves, por amplia mayoría, una resolución que insta al Gobierno autonómico que salga de las elecciones convocadas para noviembre a celebrar un referéndum de autodeterminación del pueblo catalán. Esta iniciativa, llamada a fracasar por la evidente ilegalidad de la consulta y la inconstitucionalidad del pueblo convocado como sujeto constituyente, ha consagrado el propósito del presidente de la Generalitat, de Artur Mas, de eludir el debate sobre su pésima gestión que ha convertido a Cataluña en la comunidad más endeudada de España y a una sociedad castigada por los recortes más que ninguna otra, para centrarlo en la discusión sobre la independencia o la integración. Lo peor es que corremos un serio peligro de que la política nacional gire en torno a esta cuestión, que ni de lejos es la prioritaria. Ni para Cataluña ni para España en su conjunto. El problema fundamental de la nación española, y también de Cataluña, es enderezar la situación económica y social y adoptar, de forma consensuada, las medidas necesarias para sacar a España de la crisis, cuyos parámetros fundamentales asustan: una deuda externa a la que hay que hacer frente para que deje de lastrar las potencialidades de un país desarrollado, con un nivel de desempleo insoportable y a la cabeza de Europa, sometido a operaciones de rescate internacional-financiero ya en marcha y global aún en largo estudio- y empobrecido por los ajustes y una recesión a la que no se ve fin. Este es el desafío al que nos tenemos que enfrentar, ante cuya gravedad y trascendencia para el futuro palidecen las pulsiones soberanistas de algunos territorios y el ensimismamiento de parte de la clase política. Es responsabilidad básica de los dos grandes partidos nacionales, PP y PSOE, articular una respuesta serena y firme al órdago lanzado por el nacionalismo catalán, en la que la plena disposición al uso de los instrumentos jurídicos y políticos que están en sus manos para cerrar el paso a la aventura soberanista se complemente con el combate en el plano de las ideas y los argumentos, que los hay de sobra para hacer comprender a los habitantes de Cataluña de que el camino al que les conducen es el de la insolvencia y el empobrecimiento.

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