Un mundo feliz

Federico Vaz

A galopar

COBARDICAS! Mira que desertar de una polémica tan jugosa como el dislate anunciado de que El instante preciso será descabalgado de la fachada del Ayuntamiento de Granada. Cierto que oposición y opinadores tienen una excusa atinada; es obvio que este gobierno cañí de la Plaza del Carmen nos da carnaza para que nos olvidemos de su ruina y la nuestra, de un PGOU impresentable, de los pleitos perdidos o su sometimiento a los grupos de presión. Pero yo no quiero ser tibio, no pasaré por alto tamaño ataque al buen gusto, me niego a ceder al triunfo de la ignorancia. El cuerpo me pide marcha y estoy por buscar apoyos, iniciar una campaña: "Salvemos el caballo" por ejemplo; ya se me ocurrirá algo, recogida de firmas, un blog, que se lleva mucho, camisetas para el veranito con la figura ecuestre y el lema 'De aquí no me bajan'… Se admiten ideas. Hay que plantar cara y salvar una efigie preferible como símbolo de la ciudad a la rancia heráldica de la Reconquista.

Yo sí le doy importancia al perverso plan municipal. Encarna un proceso en marcha de aldeanización de Granada. Ya eran prepotentes; tras arrasar en las urnas merced a las obras de García-Royo y la torpeza de los rivales se quitan la máscara, se comportan como unos ultras y hoy se revelan como un gobierno de catetos -pero no en la honrosa acepción de rústico, sino como quienes con aldeana cortedad de miras gobiernan Granada como un pueblo grande-. Tenemos un alcalde escultural -vamos, no se rían-, es decir, con una patológica relación respecto al arte de la escultura. Lo mismo inaugura rocinantes de piedra que amenaza con sembrar de próceres la Avenida de la Constitución; le irrita la sombra del caballo sobre su despacho pero no el alado homenaje a Primo de Rivera en Bibataubín. Cuando habla de sustituir el Pérez Villalta por un elemento ornamental "muy granadino" tiemblo de espanto y en mis pesadillas la horrenda granada de mármol de la Carretera de Jaén cae como un meteorito sobre la Plaza del Carmen.

Quienes deberían quejarse callan acomplejados, les avergüenza que en su día el caballo se encaramase al Ayuntamiento con la pata izquierda, aunque eso tiene una importancia relativa. Vale que fue un encargo de la entonces concejala de la Mujer a un amiguete, pero, ojo, ese amiguete era nada menos que Guillermo Pérez Villalta -salvando las distancias, no consta que nadie pidiera a Felipe IV que sacara a concurso público La rendición de Breda-. Vale que la estatua se colocó en su emplazamiento con nocturnidad, pero mejor eso que hacer el ridículo nacional con una manifestación o algo peor contra una obra de arte. Granada desconfía de Foster, Siza o Campo Baeza, pero aplaude un pastiche mono como la fuente del Humilladero. Molesta mirar el arte desde abajo, pero se acepta que la vulgaridad brote allá donde mires.

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