La tribuna

Jaime Martinez Montero

Con dos horas no basta

VUELVE el conflicto y se vuelve a atentar contra los derechos lingüísticos de los alumnos catalanes. La Generalitat estima que con dos horas de castellano van bien despachados, y que el resto se dedique al catalán, con independencia de que los niños y niñas tengan como lengua materna uno u otro idioma. Esto se establece a pesar de que un real decreto, que desarrolla una disposición básica de una ley orgánica, ordena que las horas semanales de castellano deben ser al menos tres.

Lo más curioso es que se puede burlar sin problemas lo que de manera imperativa establece una ley aceptada por ellos, y se hace basándose en una norma que desarrolla un estatuto de autonomía que está recurrido ante el Tribunal Constitucional. Digo yo que como esto siga así, todas las disposiciones legales que emanen del Estado deberían modificar la fórmula de entrada en vigor y emplear esta otra: "El presente Real Decreto entrará en vigor al día siguiente de su publicación en el Boletín Oficial del Estado, salvo que algunas comunidades autónomas dispongan lo contrario".

¿Por qué dos horas, y no una y media -como en Religión- o cuatro? Normalmente, a la hora de elaborar el currículo y el peso que cada materia tiene en el mismo, se contemplan esencialmente el conjunto de objetivos a conseguir y la magnitud de los contenidos precisos para alcanzarlos. Una vez determinado esto, se reparten los tiempos. Aquí parece que está claro: dos horas, y a apañarse como buenamente se pueda. Según dicen las autoridades catalanas, es más que suficiente y así salen los alumnos muy bien preparados. Con dos horas a la semana chavales y chavalas utilizan el lenguaje con sutileza y finura como medio de información y comunicación oral y escrita. Con dos horas se sirven del mismo para una representación, interpretación y comprensión ajustadas de la realidad. Con dos horas se consigue un instrumento efectivo y potente para construir el conocimiento y para poder comunicarlo.

Y con dos horas se perfecciona y pule la herramienta gracias a la cual organizamos y autorregulamos los pensamientos, las emociones y la conducta. ¡Qué bárbaro! A ver si nos dicen cómo lo hacen, porque aquí en Andalucía se le echan muchas más horas y apenas si alcanza. A lo mejor el remedio es que los mocitos de aquí empleen el catalán como lengua vehicular y den dos horas de castellano. No sólo van a alcanzar los objetivos, sino que van a salir muy preparados para cuando tengan que ir a buscar trabajo a aquellas tierras.

La misma norma otorga a los colegios e institutos una amplia autonomía, lo que les permite a dichos centros una organización más ajustada a sus necesidades y les abre la posibilidad de modificar al alza o a la baja el número de horas semanales que se dedican a las diferentes materias, y ello en función de los resultados que en cada caso vaya obteniendo el alumnado. ¿Que en el segundo ciclo de Primaria han obtenido muy bajos rendimientos en Matemáticas? Pues pueden aumentar las horas semanales dedicadas a este área con el fin de cambiar tan peligrosa tendencia.

Sólo hay una excepción. ¿La adivinan? Las dos horas de castellano, que son inconmovibles, inmodificables, ineluctables e inexorables. ¿No cabe modificación alguna? Hombre, si es a la baja se puede considerar. Ya no sé si se trata de una decisión política o si es que han dado con la dosis exacta o han descubierto la piedra filosofal.

Hemos entrado en unos tiempos en los que han cogido un gran predicamento las evaluaciones externas. Las pruebas de diagnóstico de las comunidades autónomas, las que este año pone en marcha el Ministerio, PISA, Pirls, Timms, etc. ¿No sería interesante que conociéramos de verdad cuál es el estado de la cuestión en el dominio del castellano por parte de los alumnos que estudian en Cataluña? ¿No podría ser más adecuado que tiempos, contenidos y metodologías dependieran, siquiera fuera en parte, de los resultados que están obteniendo? Es muy importante el castellano para los catalanes. Hay que pensar sólo una cosa: no se trata de establecer cuál es el idioma predominante en Cataluña, sino de que sus jóvenes posean el dominio suficiente de esta lengua para que puedan comunicarse e interactuar con más de cuatrocientos millones de personas. Este es el asunto.

Decía un tinerfeño que él hablaba español, y no castellano. Cuando le preguntaron que por qué decía eso, contestó que es que el castellano era muy difícil. Vamos a acabar hablando de español. Oí a una autoridad catalana que el español era un idioma amigo, y que a los amigos no se les discrimina ni se les persigue. Hubiera cabido preguntarle: a quien se le coarta, a quien se le fijan estrictamente los límites en que se tiene que desenvolver, a quien se le vigila de manera estrecha y se tiene preparada una batería de sanciones para cuando se salte alguna de las barreras que les han colocado, a quien se trata de este modo, en fin, ¿es al amigo o es al enemigo?

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