Editorial

El infierno que no cesa

UNA mujer andaluza, Josefa Morente Leal, perdió ayer la vida de una forma cruel: su ex pareja, supuestamente, incendió su casa, en La Línea de la Concepción, sólo unas horas después de amenazar con hacerlo y tras asegurarse de que todos los accesos al inmueble estaban cerrados. El incendio intencionado no sólo costó la vida a esta mujer de 40 años, sino que ha causado graves quemaduras a dos hijas suyas, de 19 y dos años y medio, respectivamente, que tuvieron que ser evacuadas en helicóptero a la unidad de quemados del hospital Virgen del Rocío, en Sevilla. La menor de ellas es hija, además, del supuesto autor del incendio, ya detenido, quien estaba ante la casa contemplando cómo ardía y simulando angustia, según los primeros testimonios, por el terrible destino que estaba corriendo su familia. Es el último ejemplo de un infierno que no cesa: el de la violencia machista. Josefa es la vigesimosexta víctima a causa de esta lacra en lo que llevamos de año 2009, una cifra que está por debajo de la media de fallecimientos a mediados del año pasado. Los esfuerzos que el Gobierno, mediante medidas legislativas y administrativas, ha hecho en los últimos años han producido avances, pero el trágico suceso de La Línea pone de manifiesto que el problema de la violencia sexista sigue sin resolverse y necesita más medios para ser totalmente atajado, ya que el número de muertes en el último lustro ha sido similar cada año: 71 en 2003, 72 en 2004, 57 en 2005, 68 en 2006, 71 en 2007 y 75 en 2008. El machismo es un problema atávico de la sociedad en el mundo, y más en concreto de la española, tras generaciones educadas en la costumbre del predominio del varón sobre la mujer. Aún hoy algunas culturas y religiones mantienen esa injustificable desigualdad. Es, además, un problema que no tiene clase social, aunque en el municipio andaluz donde ha ocurrido este último caso se han disparado en los últimos meses las denuncias y actuaciones policiales por malos tratos, en buena medida porque las penurias económicas generadas por la crisis financiera avivan los enfrentamientos en familias con escasos recursos.

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