Juan Cañavate

La memoria de las cosas

DECÍA un amigo que de aquellas tres potencias del alma tan elogiadas en nuestra adoctrinada infancia que eran la memoria, el entendimiento y la voluntad, la última nunca la tuvo, el entendimiento más que justito y la memoria la andaba perdiendo y como una de mis grandes preocupaciones, a estas alturas de la feria, es la pérdida de esa, de la memoria, empiezo a buscar razones para hacer de la necesidad virtud y que la cosa sea medianamente llevadera.

Porque digo yo que si la memoria es como un disco duro, igual borrando archivos me queda algo de sitio y no doy ese permanente espectáculo cada vez que algún desconocido/conocido me saluda y a mí se me pone esa cara de, en fin, -tú tampoco has cambiado nada- .

Llegado a esto, me asalta la duda de qué será más conveniente borrar porque, aunque pueda parecer lugar común que mejor lo malo, igual es al revés y olvidar las cosas buenas puede hacer más llevadero este presente tan espeso en el que lo realmente difícil es convertir la alegría en tradición.

Lo que ocurre es que se me revuelve el pasado y ahora que, con muchísimos otros, Goytisolo ha estado echando un rato en Granada al amparo de ese buen invento del Hay Festival, me vuelven a la memoria los puestos de naranjas de Xemá Efná en Marrakesh y los aguadores y los cuentistas y las filas ordenadas de ciegos limosneros y el cambalache de grifa y meretrices que se escondía a la penumbra del Café de París y que llegaba con el atardecer mientras la plaza seguía viva. Eternamente viva como un organismo condenado a la difícil tarea de emular a Dios en lo del no morirse o a un chino en lo del no cerrar.

Y recuerdo además, allí en la misma plaza, a un gigantesco encantador de serpientes que corría, con un escorpión en la nariz, detrás de un turista cabezota para exigirle el pago correspondiente por una foto que el turista negaba de manera vehemente haberle hecho.

Aquel turista que consiguió no soltar prenda, signo indiscutible de su terquedad o de su genética, vaya usted a saber, cambió con el tiempo la cámara de fotos por una de cine con la que empezó a hacer documentales sobre aquel mundo del que se quedó colgado.

Pues eso, que con lo del 'Hay' me he acordado de que en Granada, aunque parezca mentira, hay gente que hace cine y que Atlas Beréber dirigida por Moisés Salama y producida por Ático 7 ha sido seleccionado por la Documenta 08 de Madrid para presentarla oficialmente a concurso en la edición de este año.

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