La odisea de ir a la playa

  • Vecinos y empresarios de la playa de San Cristóbal se quejan de la paralización de las obras del parking, que después de dos años siguen invadiendo el paseo

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El drama de Luis, un veraneante de Almuñécar es que cada día, cuando quiere ir a la playa tumbona y sombrilla en ristre, no puede hacerlo simplemente cruzando la calle. A Carmen, que ha alquilado un piso, le pasa lo mismo. En primer lugar, tiene que rodear la valla de 400 metros que cubre la obra fantasma del parking del Paseo de San Cristóbal, donde se retiraron las máquinas en primavera. Hasta llegar a la altura de Turismo Tropical, hay que caminar por la acera. Se encuentra a los coches de frente, que sólo pueden circular en esa dirección. Por supuesto, no pueden aparcar. La zona cero ocupa uno de los carriles de la vía y parte del paseo.

A partir de este punto, comienza lo peor. Al atravesar el paseo, a la altura de El Piliki, la única opción es caminar sobre la arena. A fuerza de tanto pasar (dos años ya), se ha formado un paseo alternativo, en el que se pueden ver al caer la tarde a personas paseando el perro, parejas… Es agradable comprobar cómo, después del horror que impone el amasijo de hierros (que ya han intentado robar en más de una ocasión), la playa se encuentra en perfecto estado. Para los que se aventuran a llegar hasta aquí, les aguarda un trozo de playa tranquilo.

Un poco más adelante, se encuentra el Restaurante Boto's. Su propietario, José, conserva buena parte de su clientela fiel, "fundamentalmente de Granada". El empresario comenta que el año pasado fue la primera vez desde que fundó su negocio -hace más de 30 años-, que registró pérdidas. Además, explica que las obras le están afectando directamente no sólo a su chiringuito, sino a los empleos que crea, ya que el año pasado tenía a catorce personas trabajando con él, número que se ha reducido a cuatro este año.

Mientras que la promesa municipal era que en San Cristóbal (y Velilla, donde pasa tres cuartos de lo mismo) no ocurriría como en el caso de El Altillo, que estuvo parado durante años, sino que estarían abiertos en el verano de 2007, ya han pasado dos años y no se vislumbra ninguna solución. Los turistas miran boquiabiertos y se preguntan cómo se ha podido abordar una obra así con tan poca previsión o si las circunstancias sobrevenidas han sido más fuertes que el interés de una población entera.

En abril la empresa concesionaria retiró las máquinas y dejó las obras. La empresa adjudicataria, Cartuja Inmobiliaria, no ofrece explicación alguna. El PSOE afirma que la promotora y adjudicataria de la explotación de los parking, Los Gladiolos, que creó una cooperativa para financiar las obras a través de la venta de plazas, no ha pagado a la constructora adjudicataria. Mientras, algunas fuentes apuntan a que en septiembre de 2008 tan sólo se había vendido un 25 por ciento de las plazas de aparcamiento. Un empresario se pregunta para qué acometer una obra así si suponía crear unas 450 plazas más (cuando en la superficie podía haber un número parecido). Y hay quien sentencia que en vez de solucionar un problema de aparcamiento -que al fin y al cabo tan sólo se daba del 15 de julio al 30 de agosto- se ha creado otro mucho mayor, que sume aún más en el fondo a este otrora competitivo destino turístico.

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