Los restos de 18 vecinos represaliados en la Guerra Civil reciben sepultura

  • Los ataúdes han sido portados por familiares directos de los fusilados en 1936 hasta la cripta que se ha habilitado con un pequeño jardín en el cementerio

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Los restos de dieciocho personas que fueron supuestamente fusiladas en 1936 por ser familiares de antifranquistas recibieron ayer sepultura en el cementerio de la localidad granadina de Algarinejo, de la que eran vecinos.

Los ataúdes fueron portados por familiares directos de estas personas, que tenían entre 20 y 45 años, hasta la cripta que se ha habilitado con un pequeño jardín en el cementerio de la localidad de Algarinejo.

Así lo explicó ayer Maribel Brenes, presidenta de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) de Granada, que promovió la exhumación de los restos en Montefrío, en la comarca granadina de los Montes Occidentales.

Según el estudio antropológico y los testimonios orales recabados por los historiadores, estos 16 hombres y dos mujeres de Algarinejo fueron "brutalmente golpeados con objetos contundentes" antes de ser fusilados en la cuneta de la primera curva a la derecha de la carretera de Montefrío, una madrugada de entre el 21 y el 28 de septiembre de 1936.

En el mismo sitio dignificado donde recibieron sepultura tuvo lugar, ya por la tarde, un acto institucional de homenaje con la presencia de vecinos y familiares, que se hizo extensivo a otras cinco personas de Algarinejo que fueron supuestamente asesinadas en 1949 por el régimen franquista.

Los fusilados en 1936 cuyos restos han recibido sepultura fueron arrojados a la fosa, una zanja de diez metros de largo por cincuenta centímetros de ancho en la que la mayoría de los cuerpos se apilaba en el centro, lo que hace pensar que su dimensión inicial era inferior y fue ampliada a lo largo para darles cabida.

Los cuerpos estaban cubiertos por piedras que habían sido depositadas en la mayoría de los casos sobre los cráneos, mientras que una de las dos mujeres fusiladas, de unos 18 años, tenía la mandíbula rota antes del fusilamiento.

Ese y otros datos llevan a pensar que pudiera tratarse de una joven que, según el testimonio de sus familiares, se agarró a las piernas de su padre cuando se personaron en su casa a por él y, en el forcejeo, recibió un fuerte golpe en la cara, al parecer con una sartén.

El acto de sepultura de ayer se suma al que se produjo el pasado 3 de junio, cuando los restos de otros ocho represaliados fueron enterrados en el cementerio de la localidad de Alhendín.

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