Estimular la memoria prolonga la identidad en el alzhéimer

  • La longevidad en occidente va pareja a la incidencia de enfermedades seniles que asuelan las capacidades cognitivas y transforman al afectado · Familiares y profesionales trabajan para que conserven sus habilidades el mayor tiempo

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Francisco Pernas enseña la foto en blanco y negro de su mujer Carmen Fernández. La misma imagen carnet que lleva desde hace treinta años en su cartera, porque para él ese es el auténtico retrato de su esposa: bellas facciones que expresan una actitud fuerte y decidida. Una estampa para el recuerdo, ahora Carmen tiene 77 años y la identidad marcada por el alzhéimer. Carmen cuya afección está en un estadio severo necesita tutela las veinticuatro horas del día, le enfada tener las puertas cerradas y cada día, al despertar y antes de dormir, recorre las habitaciones del hogar donde vive con su esposo buscando a sus padres y hermanos fallecidos, para ella aún vivos. "¿Donde están todos?", pregunta entonces Carmen a Paco. Ella es incapaz de seguir una conversación coherente o de evocar lo ocurrido cinco minutos atrás. En cambio, esta natural de Extremadura rememora casi a la perfección su vida de otra época. Sus recuerdos residen en el pasado.

En una visión romántica de la enfermedad del alzhéimer las mentes afectadas dan un salto metafísico en el tiempo para que el individuo vuelva a ser un niño, un adolescente, un joven. En una visión práctica la pérdida progresiva e irreversible de la memoria y de las capacidades cognitivas suponen un peligro para la integridad física. En consecuencia, "ésta es una patología donde el paciente no puede luchar por él mismo si no que tiene que hacerlo su entorno: familiares y profesionales de la salud", explica María Toro, psicóloga de Asociación Alzhéimer Santa Elena de Sevilla. En Andalucía hay alrededor de 60.000 afectados siendo una de las comunidades autónomas con mayor incidencia junto a Cataluña, Madrid, Castilla y León y Valencia. La mayor longevidad de la población ha originado que en Europa el 10% de los ciudadanos mayores de 65 años presente algún signo de demencia, cifra que se duplica en mayores de 80 años.

Tras las cifras hay historias de padres, madres, abuelos, incluso bisabuelos; que fueron albañiles, topógrafos, profesores, amas de casa, abogados o futbolistas de antaño. Como José (nombre ficticio con el que la familia desea conservar el anonimato del enfermo). Él es un ex jugador del Sevilla Futbol Club donde peleó la pelota más de diez años. "Los comentaristas de la época decían de mí que tenía un pase largo precioso", describe orgulloso el deportista a sus 81 años de vida. En su caso, la enfermedad está en un nivel moderado-leve y no tiene secuelas del deterioro físico al que somete el alzhéimer. Quizás, porque como dijo el refrán "quien tuvo, retuvo" y su carrera de atleta le esté dando tregua en su senectud. El ex futbolista tiene una gran talento para el dibujo y dedica sus mañanas de lunes a viernes a realizar talleres de estimulación neuropsicológica en la Asociación Santa Elena.

El trabajo de los profesionales que trabajan con estos pacientes estimula la orientación en el espacio y en el tiempo, el lenguaje, las praxias (control/coordinación de movimientos); las gnosias (reconocimiento de objetos, caras, etc.) y la memoria, entre otros. En el caso de ésta última, existen diversos tipos de memoria: biográfica, individual, sociocultural, sensitiva... Entre los mecanismos para atraer los diversos recuerdos, "para evocar la memoria personal: el olor del café o el del jabón heno de pravia; las canciones como las coplas o los boleros. Para la memoria sociocultural: la lectura de noticias que aluden a la Guerra Civil o el hundimiento del Titanic", ejemplifica la psicóloga. El objetivo de las actividades de estimulación cognitiva es dotar al paciente en nivel moderado-leve de autosuficiencia. "A menudo, los familiares verbalizan la tristeza que les ocasiona ver que su ser querido está físicamente pero que no son quienes eran", dice María Toro. Por ello, existe una coordinación entre profesionales y familiares que prolonga el trabajo también en el hogar.

En este sentido, María Isabel Marrón anima a su madre a hacer pequeñas cosas como ayudarla en las tareas del hogar, ver y comentar los albúmenes de fotos o visitar dos tardes a la semana a parientes. "Ella está afectada de alzhéimer desde hace ocho años e intentamos hacer todas aquellas actividades que le beneficien y mantengan su autoestima", comenta Isabel. Además de la rutina que es muy importante para la orientación espaciotemporal del paciente, las emociones positivas relacionadas con la afectividad y la operatividad facilitan la perpetuación de las capacidades intelectuales. Y es que según argumenta la psicóloga María, "la memoria sensitiva es lo último que pierde el enfermo de alzhéimer. Al igual que un bebe, éste puede no tener un razonamiento lógico, pero responde a los estimulos de las expresiones fáciles, la sonrisa, el tono de la voz y el tacto". La madre de Isabel reconoce a las personas que están diariamente con ella pero no a aquellas que sólo pueden visitarla cada cierto tiempo, como es el caso de su nieta Sandra que tiene 30 años y vive en Austria. "Ella cree que Sandra es todavía una niña. Hemos optado por poner en el salón una fotogrande y reciente de su nieta para que se familiarice con su imagen actual", cuenta Isabel.

Lo mismo le ocurre a la madre de Carmen con el reconocimiento de personas asiduas. La afectada, de 81 años , puede seguir una conversación pero tiene limitaciones en su expresión verbal. "Mi madre entiende todo pero le cuesta participar de las conversaciones porque no encuentra la palabra adecuada para expresarse. Entonces yo lo que hago es retroceder en nuestro charla y preguntarle, guiarle hasta que damos juntas con la palabra que quiere decir", narra Carmen. Su madre que fue ama de casa vive con su padre quien sufre depresión. "El alzheimer es una enfermedad que crea una gran soledad y un estado de indefensión", lamenta Carmen. Por ello, en el tratamiento los valores como la paciencia, el cariño, y el amor son constantes. El fin es el cuidado digno en una enfermedad que va destruyendo lo que uno era.

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