Salud sin fronteras

José Martínez Olmo S

Medicamentos y salud

RECIENTEMENTE hemos conocido datos de diversos informes sobre el consumo de antiinflamatorios y dado que sabemos que ello se asocia a un mayor riesgo de sufrir un síndrome coronario agudo, es evidente que se hace necesario alertar que los antiinflamatorios considerados como "tradicionales", no se deberían tomar ni durante tiempo prolongado ni a altas dosis.

De hecho, esta es una de las reflexiones esenciales que pueden extraerse de un estudio que ha querido analizar el riesgo cardiovascular asociado al consumo de antiinflamatorios no esteroideos, publicado en la Revista Española de Salud Pública. El objetivo de esta investigación ha sido evaluar el impacto cardiovascular asociado al consumo de antiinflamatorios en un Área de Salud de Castilla-La Mancha; se trata de un ensayo cuyos resultados asociaron el uso del medicamento rofecoxib a la ocurrencia de eventos cardiovasculares y de hecho, se ha observado un aumento en patologías cardiovasculares asociadas al uso de antiinflamatorios no esteroideos. Y es que los antiinflamatorios no esteroideos (AINE) se erigen en uno de los grupos de medicamentos más prescritos y consumidos en el mundo, tanto por prescripción médica como por automedicación. En este sentido, en España hay datos de un consumo muy relevante que con este estudio de Castilla-La Mancha, requiere respuestas preventivas y asistenciales. El riesgo de ictus y de síndrome coronario agudo por el consumo de estos fármacos nos lleva a reflexión sobre la necesidad de asegurar un control sanitario adecuado tanto del acceso a la medicación, como de la eficacia y efectividad de su consumo por los pacientes.

En primer lugar debemos reseñar que en nuestro país dado que disponemos de un buen sistema de salud y de una amplia red de farmacias, se podrían tomar medidas que aseguren que los profesionales de salud que atienden a los pacientes en las consultas y en las farmacias controlen adecuadamente la pertinencia del acceso a los fármacos y la efectividad de su uso. Y asegurar esos objetivos no sólo es deseable para el caso del consumo de los medicamentos antiinflamatorios no esteroideos sino para todos los fármacos que usan los pacientes; lo que pasa es que estos objetivos requieren enormes esfuerzos organizativos, asistenciales y profesionales.

En segundo lugar, el seguimiento de los tratamientos para ser eficaz requiere también de una mejor coordinación entre los niveles asistenciales del sistema sanitario y aunque se han dado pasos importantes en los últimos años, queda aún trabajo que realizar.

Por lo tanto, serían necesarios esfuerzos y proyectos que impliquen a profesionales, a gestores y a pacientes que en algunos aspectos tendrían que vencer resistencias muy consolidadas hacia el trabajo en equipo en el que todas las profesiones tienen un papel relevante que jugar sin protagonismos inútiles. Hay que seguir trabajando en una mejor coordinación entre atención primaria y atención hospitalaria dado que este aspecto es también un requisito esencial. Las profesiones tienen que actuar con generosidad y usando conocimientos y las evidencias científicas. Los niveles asistenciales deben seguir acercándose desde el mutuo reconocimiento del papel relevante que fuera cada uno. Los pacientes deben seguir empoderándose para seguir aspirando y exigiendo la mejor respuesta asistencial y preventiva desde los servicios sanitarios hacia sus problemas de salud.

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