Terapias · Congreso Europeo de Reumatología

Vigilar el corazón

  • Entre el 30% y el 50% de pacientes con artritis reumatoide fallecen por un problema cardiovascular · El control debe ser prioritario partiendo de estilos de vida saludables.

Las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte (30-50%) en pacientes con artritis reumatoide (AR), lo que aconseja integrar su control en el tratamiento de esa enfermedad autoinmune crónica que inflama las articulaciones y provoca dolor, deformaciones y discapacidad. Así lo destacó el especialista alemán Klaus Krüger en una reunión informativa con periodistas internacionales organizada por Abbott con motivo del Congreso Europeo de Reumatología (Eular 2012) que se celebra esta semana en Berlín y que pasará revista a los últimos conocimientos y avances en el abordaje de las enfermedades reumáticas.

"El impacto de la AR va más allá de las articulaciones", recalcó el reumatólogo germano, quien desgranó una amplia lista de comorbilidades que incluye también diabetes, hipertensión, úlcera gastrointestinal, diversas infecciones, osteoporosis y hasta depresión. Pero es el capítulo cardiovascular el que más preocupa. El mayor riesgo relativo de un evento de ese tipo en pacientes con artritis reumatoide está perfectamente establecido, y en él influyen la propia actividad de la enfermedad reumatológica, los fármacos para tratarla y los tradicionales factores de riesgo cardiovascular, que se han incrementado con el envejecimiento poblacional. Krüger habló de "enlace perdido" entre artritis reumatoide y ateroesclerosis para subrayar sus "mecanismos inflamatorios locales compartidos". También llamó la atención sobre los "similares riesgos cardiovasculares" de AR y diabetes, y puso especial énfasis en alertar de los peligros del tabaquismo. Al insistir en la necesidad de "integrar el control cardiovascular en el tratamiento", sugirió a los especialistas que "animen a los pacientes a cambiar su estilo de vida, y sobre todo a dejar el tabaco".

En el caso de la artritis reumatoide, remarcó, el tabaco favorece la actividad de la enfermedad, refuerza sus manifestaciones -como los nódulos reumatoides-, reduce la respuesta a los fármacos, favorece las comorbilidades cardiovasculares y causa complicaciones pulmonares como la enfermedad pulmonar intersticial o el cáncer. En ese contexto, el reumatólogo alemán señaló tres bases para la intervención del especialista: la incorporación de terapias específicas para las comorbilidades cardiovasculares, el manejo del colesterol y otros factores de riesgo y, por supuesto, "dejar el tabaco". Esta estrategia para "eliminar lo más posible" ese peligro cardiovascular deberá ser, pues, la segunda columna del tratamiento de la AR y contribuir a "optimizar su manejo" para minimizar su actividad.

Krüger enmarcó el tratamiento en cinco claves básicas. La primera, "tratar pronto", para suprimir la inflamación y poder prevenir la degradación del cartílago y el hueso; su recomendación es empezar no más tarde de 12 semanas desde el diagnóstico, porque "el daño puede ser irreversible si la enfermedad progresa" y "cualquier retraso empeora el pronóstico". La segunda es "tratar con un objetivo" claro y múltiple: controlar los síntomas, prevenir el daño estructural, normalizar la función y mantener la actividad de la vida diaria. Imprescindible es el tercer aspecto, "encontrar un plan terapéutico para cada paciente" que contemple comorbilidades y contraindicaciones, que atienda sus preferencias -"el tratamiento es una decisión compartida"- y que incluya la motivación para el buen cumplimiento terapéutico. En esta línea van también la cuarta y la quinta claves, una que aboga por la "comunicación clara, frecuente y con un objetivo común" entre especialista y paciente, y otra que invita a la "cooperación médica", tanto entre atención primaria y reumatología, como entre esta especialidad y otras a las que conviene consultar -por ejemplo, cardiología y neurología- cuando hay otras comorbilidades.

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