La llegada del calor obliga a prevenir los efectos nocivos del sol

  • Los profesionales sanitarios recuerdan la importancia de la protección de la piel para evitar la aparición de melanomas · La hidratación adecuada es fundamental, especialmente en mayores

Llegó el calor. Llegó el sol abrasador. El sol constituye el principal factor de riesgo para desarrollar un melanoma, por lo que es recomendable tomar una serie de medidas básicas a la hora de exponerse a los rayos solares.

El melanoma es un tipo de cáncer de piel que aparece cuando las células llamadas melanocitos se convierten en malignas. Estas células elaboran un pigmento llamado melanina, responsable del color de la piel, del pelo y del iris de los ojos. La melanina, por su parte, funciona como un fotoprotector evitando que la radiación solar dañe las estructuras o los tejidos del cuerpo. Cuando la piel se expone al sol, los melanocitos producen más melanina como defensa contra la acción de los rayos ultravioleta. Los lunares o pecas aparecen cuando los melanocitos crecen en grupo. Una persona suele tener entre 10 y 40 y, científicamente, se llaman nevus. Estos se clasifican en dos grupos: nevus congénitos, que pueden ser de nacimiento o aparecer con los años; y nevus adquiridos, que se desarrollan a partir del año de nacimiento y pueden ser típicos o atípicos.

La Academia Española de Dermatología traslada por estas fechas sus consejos para evitar el efecto acumulativo del sol en la piel y las quemaduras, especialmente durante la niñez y la adolescencia, ya que la piel es mucho más sensible. Durante los baños de sol hay que utilizar cremas, lociones o geles protectores que sean eficaces tanto para los rayos UVA como para los UVB y que tengan, como mínimo, un factor 15 de protección. Los bronceadores de los salones de belleza deben aplicarse bajo control, ya que contienen rayos UVA perjudiciales para la piel. Se debe restringir el contacto con productos potencialmente fotosensibles, como los jabones, los desodorantes y los perfumes, que pueden crear una especial sensibilidad a la luz del sol. También existen fármacos fotosensibilizadores, por lo que conviene consultar al médico si se encuentra bajo medicación. Los rayos solares son más dañinos entre las 10 de la mañana y las 2 de la tarde. Durante este tiempo se deben evitar las exposiciones solares sin protección. Además, el reflejo de la luz solar aumenta en la playa, el agua o la nieve. Como consecuencia, sus efectos se multiplican. Hay que buscar la sombra natural que proporcionan la vegetación o los edificios como una protección contra el sol.

Las gafas de sol y los sombreros son unos accesorios muy útiles ya que, además de la cara, protegen el cuello y las orejas. Las ropas de color oscuro ofrecen mayor protección que los vestidos de color pastes o suave. Rafael García Gutiérrez, director general de la Asociación para el Autocuidado de la Salud (anefp) advierte de que, a pesar de las creencias populares, "el bronceado es también un signo de daño y repercute en el envejecimiento cutáneo de la dermis". Además, según señala Rafael García Gutiérrez, "un buen protector solar debe reunir una serie de cualidades, como absorber correctamente las radiaciones ultravioletas, ser resistente a los agentes externos como el sudor o el agua y no causar irritación en la piel".

Por otro lado, el golpe de calor exige atención médica de urgencia y es más sensible para los mayores, que deben cuidar su hidratación todo el día. Aparece cuando el organismo no puede controlar su temperatura que aumenta entonces rápidamente. La piel está caliente, roja y seca y aparecen nauseas, somnolencia y sed intensa, convulsiones y pérdida de conocimiento.

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