El trabajo infantil visto como una cuestión sanitaria

  • El Día Mundial para su erradicación centrará su atención en los "trabajos peligrosos" que más dañan la salud de 115 millones de niños en todo el mundo.

El trabajo infantil mata cada año a 22.000 niños y niñas, y muchos más sufren lesiones o caen enfermos por esa actividad laboral que atrapa en total a 215 millones de menores. Es el dramático trasfondo sociosanitario del Día Mundial contra el Trabajo Infantil que se celebra el domingo 12 y para el que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha elegido el lema de ¡Atención! Niños en trabajos peligrosos. Erradiquemos el trabajo infantil. Un mensaje que afecta especialmente a 115 millones de personas (74 millones de chicos y 41 millones de chicas), que son los que realizan esos "trabajos peligrosos" que implican un mayor riesgo para su salud física y psíquica, para su seguridad y para su desarrollo psicológico y emocional.

Aunque el problema es mucho más grave en los países en desarrollo, tampoco se libran el mundo rico ni los países emergentes y en transición, incluidos algunos europeos del antiguo bloque del Este. En España, la actividad laboral está prohibida por debajo de los 16 años que marcan el final de la Educación Secundaria Obligatoria, con la única excepción de los menores artistas que participan en cine, teatro, televisión o espectáculos públicos; en ese caso, se exige una autorización previa de la Administración.

El trabajo infantil se suele considerar en España más o menos anecdótico. Hace casi una década que Unicef cifró en 172.000 los escolares que trabajaban con sus familias en tareas agrícolas, ganaderas o domésticas. Y el sindicato UGT desarrolló entre 2005 y 2006 un programa de sensibilización en el campo y entre temporeros agrícolas para evitar cualquier posible explotación infantil. Pero no hubo diagnósticos graves de situación, y en ambos casos dominó la idea, incluso entre los propios menores, de que "no trabajamos, solo ayudamos a nuestros padres".

La realidad es muy distinta en los países en desarrollo. Y la elección del trabajo peligroso como eje del Día Mundial 2011 está más que justificada, porque la Conferencia Mundial sobre Trabajo Infantil del año pasado en La Haya aprobó una hoja de ruta para avanzar con mayor rapidez hacia la eliminación en 2016 de las peores formas de trabajo infantil. La urgencia también está fuera de toda duda, máxime cuando se consideran las graves consecuencias de su actividad laboral para la salud de los menores. En la agricultura, que concentra el 59% del trabajo infantil de mayor riesgo, las niñas y niños se exponen a pesticidas y fertilizantes tóxicos, manejan herramientas peligrosas, soportan cargas pesadas y pueden sufrir ataques o mordeduras de animales o insectos que transmiten enfermedades. En la industria (11%), la construcción obliga a los chavales a trabajar en lugares altos, levantar grandes pesos y usar maquinaria peligrosa, mientras la minería los pone en situaciones límite: sustancias químicas peligrosas, riesgo de derrumbes y hasta manejo de explosivos; tampoco la manufactura en pequeños talleres ofrece gran seguridad: disolventes tóxicos, herramientas cortantes y tareas repetitivas en posiciones incómodas que facilitan las lesiones.

En el sector servicios (30%), el trabajo callejero supone climatología adversa, y el doméstico acarrea muchos riesgos: abusos, jornadas interminables, aislamiento de familiares y amistades. Por no hablar de la recolección infantil de basura o residuos, cuyo peligro de infecciones está a la orden del día. Y lo peor es que muchas problemas van a manifestarse a medio y largo plazo para terminar de arruinar sus opciones de una vida saludable.

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