Un Martes Santo de Esperanza... casi completo

  • Una jornada marcada por la gran afluencia de público, en el 300 aniversario de la Virgen de la Esperanza, y la suspensión de la estación de La Lanzada en la Catedral

Las buenas temperaturas, después de estos días fríos, empiezan a ser noticia en la Semana Santa de Granada. Las cuatro cofradías del Martes Santo realizan de forma impecable sus estaciones de penitencia con el contratiempo de la hermandad de La Lanzada, que se ve obligada a suspender su estación de penitencia en el interior de la Catedral. El Santo Vía Crucis, Esperanza, y Humildad resuenan con nombre propio, con una presentación cargada de matices y buen gusto; y una ciudad llena hasta la bandera. Asimismo, las hermandades volvieron a destacar por la presentación de sus cortejos, especialmente la cofradía de La Esperanza, quien concitó a varios centenares de hermanos en su cortejo.

A las cinco menos cuarto se ponía en la calle la primera cruz de guía de este Martes Santo, 27 de marzo de 2018. Los hermanos de La Lanzada salían por última vez desde la carpa portátil que desde hace años están obligados a montar en las puertas de su sede canónica para afrontar la salida de la cofradía. El hermoso cortejo que desplegó la hermandad dio testimonio del momento dorado que atraviesan, marcado por uno de los proyectos más ilusionantes de los últimos años: la puerta de la gloria. O lo que es lo mismo, la remodelación de la puerta del templo de Los Dolores para que puedan entrar y salir los pasos de la cofradía sin ningún problema.

Espléndida y rebosante se presentaba la Virgen de la Caridad que, de acuerdo con el estilo de la cofradía, ofreció la imagen más elegante del barrio del Zaidín. Y es que en el palio encarnado de esta bella dolorosa pone de manifiesto la máxima cofrade de que la elegancia no está reñida con la gracia. Lo propio hizo también el Moreno del Zaidín, el Señor de la Lanzada, que solemne y poderoso anduvo durante todo el recorrido… al menos hasta la llegada a calle Marqués de Gerona.

Allí, un problema técnico - la ruptura del sistema de fijación del Cristo al paso - hizo que la imagen cimbrease más de la cuenta por lo que, una vez en el interior de la Catedral, y tras analizar la situación, la hermandad adoptó la dolorosa decisión de suspender su estación de penitencia. Como se escuchó en el interior de las naves catedralicias, durante el traslado del paso del Señor de la Lanzada hasta la girola, será "que el Cristo no quiere volver a la carpa". Así es la divina providencia.

Regusto romántico, de una Semana Santa de otro tiempo, el que ofreció la hermandad del Santo Vía Crucis. La cofradía decana, con cortejo discreto pero bien compuesto, regaló un catálogo de imágenes lleno de exquisitez: desde el andar del Señor de la Amargura, comandado por Eduardo Salamanca Jr., al soberbio repertorio de la Virgen de los Reyes. Tras la celebración del centenario de la corporación en 2017, la hermandad mantuvo el pulso de las expectativas marcadas; ofreciendo esas notas particulares de nuestra Semana Santa en su regreso por la Carrera del Darro, con el rezo de las catorce estaciones del vía crucis.

Indicar también cómo en esta ocasión, la hermandad solicitó, para la recogida de la cofradía, apagar el alumbrado público en la calle San Juan de los Reyes. No obstante, y de acuerdo con las disposiciones dadas por Policía Nacional y Subdelegación del Gobierno, las luces no serán apagadas sino atenuadas a fin de mantener las exigencias en materia de seguridad establecidas por los cuerpos y fuerzas de seguridad.

Si el aire de barrio lo trajo el Zaidín y el resabio decimonónico vino desde la antigua mezquita de los conversos, el clasicismo vino de manos de La Humildad. Con más de noventa años a la espalda la cofradía dio testimonio de su genuina idiosincrasia, en la que se conjuga la valentía y entrega del misterio del Señor de la Cañilla con el reposo y elegancia del paso de la Soledad de Nuestra Señora. La cofradía que preside Germán Bolívar presentó, como es habitual, un nutrido cortejo en las calles; túnicas de sarga negra, antifaz morado y cíngulo rojo anudado en la cintura que estuvieron complementadas con los tramos de mantilla junto a la imponente talla de los hermanos González.

La banda San Isidro de Armilla ofreció un magnífico repertorio que remarcó la línea clásica y más austera que nunca debió perder la imagen mariana de la cofradía; algo que, en cambio, volvió a echarse de menos junto al Señor de la Humildad. Una mayor apuesta por el trabajo de corto y los cambios, podría ser uno de los componentes necesarios para recuperar el pulso vibrante en la recogida, en Jesús y María o Ancha de Santo Domingo, a los sones de la banda propia de la hermandad.

SIEMPRE LA ESPERANZASon muchos los colores que jalonan la Semana Santa granadina y que definen el alma de las hermandades de la ciudad. El verde, el color de La Esperanza, es sin duda uno de ellos. Toda Granada se vistió de verde en este Martes Santo, aun en la música, que con su amplia gama de matices y timbres, se brindó a una de las grandes efemérides de este 2018: el tercer centenario de la hechura y bendición de Nuestra Señora de la Esperanza - antigua Virgen de las Tres Necesidades - y su próxima coronación canónica el 13 de octubre en la Santa Iglesia Catedral.

Miles de personas se agolparon en Plaza Nueva a la salida de la hermandad, aprovechando que también había discurrido por ahí, minutos antes, la cofradía del Santo Vía Crucis. Con el sol arreciando, con temperaturas cálidas de nueva primavera, se abrieron las puertas de San Gil y Santa Ana. La cruz de guía en la puerta y tras ésta más de un centenar de nazarenos de verde y blanco con cirios morados: preludio para el primero de los pasos de esta cofradía: la imagen de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder. Fiel a la costumbre, túnica lisa de sarga morada al vaivén del andar costalero de los discípulos de José Manuel Rodríguez Quesada.

Mientras tanto, en el interior aguardaba la Virgen de la Esperanza, especialmente bella para esta ocasión, vestida por el granadino Jorge Heredia; y con la particular nota de no portar sobre su cabeza su corona sino un diadema. Ejemplo de la espera de esta hermandad para la inminente coronación. El espectacular paso de palio de la hermandad - sinergia de las artes decorativas - cobijaba a esta antigua dolorosa de José Risueño, que contó con la voz y el verbo ágil y emotivo de su capataz Luis García Quintero. ¡Qué bonito es ser de ella!

Al salir a la calle, bañada por el sol, la Niña de Santa Ana arrancó la ovación del respetable allí congregado con los sones de Coronación de la Macarena, marcha clásica que año tras año interpreta la banda del Viso del Alcor tras el manto de verde de Casa Garín. A partir de este momento, se levantó el telón de los sueños. Espectaculares chicotás, trabajo emotivo de sus costaleros, y momentos para el recuerdo. Así hasta las primeras horas de la madrugada, cuando se recogía el paso de palio; eso sí, con el sueño de los cofrades puesto en el mes de octubre.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios