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Toda la guasa del mundo

  • El Sevilla, con Kanoute y Luis Fabiano para remontar a la Ponferradina · Jiménez, con muchísimo que perder

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Noventa minutos en tu casa, con los tuyos y con la familiaridad de tu terreno de juego, deben ser más que suficientes para derrotar por al menos dos goles de diferencia a un rival dos categorías inferior a ti. La lógica así lo dicta. Pero a partir de ahí, cuando uno repara en la letra pequeña, aparecen las incógnitas. Y la puerta de la sorpresa se entreabre. Ya saben, lo de David y Goliath. El enésimo caso se vio el martes, nada menos que en el Bernabéu, con esa humillante caída del Real Madrid ante el Real Unión que no hace sino insuflar más inquietud al ya inquieto Jiménez.

Hace dos semanas, el Sevilla no hizo los deberes en Ponferrada. Cuajó un lamentable ejercicio de desidia ante el animoso equipo local -que es un buen Segunda B, ni más ni menos- y lo pagó con ese gol en contra sobre la hora que dejó aún más helados a los once jugadores que se encogieron en El Toralín. Su derrota trae de momento malas consecuencias: después de semanas y semanas con un parte de bajas casi tan amplio como la lista de disponibles, a Jiménez le hubiera venido como el aceite a las espinacas dar descanso a jugadores agotados. A Maresca. A Romaric. A Squillaci. A Fernando Navarro. A Jesús Navas. A Adriano. Si hace dos semanas el Sevilla hubiera sentenciado la eliminatoria, hoy saltarían a la hierba los De Mul o Armenteros. No muchos más suplentes, porque la enfermería sigue poblada. Pero Jiménez hubiera refrescado a sus chicos para ese tramo que se avecina: Getafe, Valencia, Barça, Real Madrid y Villarreal, con el Partizan incrustado entre los dos colosos de nuestro fútbol.

Pero el partido de hoy, lejos de ser un trámite, encierra toda la guasa del mundo. Si el Sevilla gana bien y apea a la Ponferradina, pasado mañana nadie se acordará de ello. Si no lo hace, el crédito de Jiménez saldrá muy debilitado, justo cuando la competición oficial se pondrá más exigente. Cuando el Sevilla acababa de ganar al Almería en los Juegos del Mediterráneo -donde no lo han hecho Valencia o Real Madrid, por ejemplo- a pesar de no contar con Kanoute, Luis Fabiano, Chevantón, Kone ni Renato, no eran pocas las voces críticas al estilo de juego, a la pragmática pizarra de Jiménez. Y entonces los sevillistas cabalgaban a ritmo de récord...

Cuatro derrotas y una victoria nada convincente después, las voces contrarias al proyecto se han multiplicado. Esas voces, hoy, saltarán a poco que los blancos no encarrilen pronto el partido y enderecen su pulso con los leoneses. Como el 0-0 se dilate mucho, ojo. Y como a la Ponferradina le dé por anotar un gol, algo que puede hacer en cualquier jugada aislada, el ambiente se puede cargar definitivamente de energía negativa para los sevillistas, obligados a hacer al menos tres tantos a un equipo con los once colgados del larguero.

Para disipar esos temores, la mejor noticia para Jiménez es que volverá a contar con el mayor valor de este equipo, la capacidad resolutiva de la pareja Kanoute-Luis Fabiano. No jugaban juntos desde el 25 de septiembre, en el Sevilla-Espanyol de la cuarta jornada de Liga (2-0). Hoy, esta pareja debe hacer mucho para embotellar al rival en su área, acentuar el acoso y que a partir de ahí se vayan desgranando las ocasiones.

Para ello también tendrán que poner mucho por las alas Jesús Navas y Adriano -Diego Capel sufre una sobrecarga y es mejor no arriesgar-. Ante defensas tan pobladas hay que abrir el campo lo más posible, desbordar por fuera para centrar o por dentro para tirar paredes o rematar a portería.

Más atrás, las dudas sobre los titulares se disparan. En el cuestionado eje del centro del campo, Fazio puede contar con más opciones para fijar su posición y liberar a su acompañante: Romaric, Maresca o Renato. La labor de este medio más descolgado también resultará vital para abrir caminos y, lo que es importante, transmitir paciencia al colectivo, que no es lo mismo jugar con la tensión e intensidad que faltaron en Ponferrada que hacerlo con ansiedad y precipitación. Si se clasifica, pronto se olvidará; si no lo hace, será un violento torpedo al proyecto de Jiménez. ¿Tiene o no tiene el partido toda la guasa del mundo?

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