La gloria contra los fantasmas

  • El Sevilla firmaría la Champions ganando donde no lo hizo en los últimos tres lustros · El precedente triunfal en Pamplona es de 1993; desde entonces, decepciones y polémicas varias

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El Sevilla terminará entre los cuatro primeros hagan lo que hagan sus perseguidores ganando el próximo partido. El conjunto de Manolo Jiménez tiene en su mano agarrar la gloria de la Champions y atar virtualmente el tercer puesto si logra sumar los tres puntos. Claro que este próximo encuentro es en Pamplona, en el ahora denominado estadio Reyno de Navarra, un escenario que concita los más diversos demonios familiares para un Sevilla que no gana allí desde hace más de tres lustros. La última vez que lo hizo fue el 9 de mayo de 1993, gracias a un solitario gol de Rafa Paz desde fuera del área. Desde entonces se han venido sucediendo las decepciones, las frustraciones de mayor o menor calado y muchos partidos cargados de electricidad y polémicas.

Matemáticamente, el equipo de Jiménez será cuando menos cuarto ganando el sábado en Pamplona y sólo necesitaría un punto más en los dos siguientes partidos para amarrar completamente el tercer puesto. Pero para hacerlo debe sacudirse los complejos, fantasmas o como quiera que se llamen las circunstancias que han hecho del viejo Sadar un fortín casi inexpugnable para el Sevilla. En los últimos años, el equipo blanquirrojo ha ido derribando muros otrora infranqueables. Cayeron el Camp Nou, aunque últimamente no se le da bien, el Santiago Bernabéu, Mestalla, el Vicente Calderón, El Madrigal, San Mamés, Riazor, ese otro estadio maldito que ya no lo es,... Pero Pamplona se viene resistiendo desde aquel lejanísimo 9 de mayo en que Rafa Paz certificó el último triunfo sevillista allí.

Desde entonces, 1993, se han producido diez derrotas y cuatro empates, resultado con el que se saldaron los dos Osasuna-Sevilla precedentes al del sábado. Cuatro derrotas en Primera, dos en Segunda, tres en Copa y una en la UEFA. Como para no entender que es un estadio maldito, si bien el Sevilla de Joaquín Caparrós se sacudió parte de esos fantasmas rojillos con la clasificación para la UEFA en el último partido de Liga de la campaña 03-04, 23 de mayo. El gol de Julio Baptista hizo explotar a un sevillismo que regresaba a Europa. Pero eso acaeció en Nervión.

En el inicio de esta década se recrudecieron las hostilidades entre osasunistas y sevillistas. El peor año fue 2003. En el partido de Liga, Aloisi marcó con un penalti dudoso que sancionó Pérez Lasa, que luego se tragó el gol con la mano del delantero australiano que significaría la derrota por 2-1. Y en Copa, por enero, acaeció el inolvidable partido de la nieve, en una eliminatoria cuya ida se jugó en Jerez (1-1) y que necesitó de prórroga. Muñoz, de penalti, finiquitó al Sevilla en el minuto 115 de partido (3-2).

Allí perdió la imbatibilidad Paco Leal en la campaña 98-99, en Segunda División, después de un fulgurante arranque de Liga en el que el meta sevillista no había encajado ningún gol en los cinco primeros partidos del ejercicio.

Son precedentes lejanos que están en el inicio de una historia demasiado larga, la que cuenta que al Sevilla se le atraganta Pamplona, ya fuera en El Sadar o ahora en el Reyno de Navarra. Sin embargo, últimamente ha enderezado algo el rumbo y sólo perdió en el estadio navarro bajo su nueva denominación en el partido de ida de las semifinales de la UEFA que ganaría el equipo de Juande Ramos en Glasgow. En la vuelta, Renato y Luis Fabiano dejarían en nada el gol con el que Soldado amargó el jueves de Feria a los sevillistas. Curiosamente, aquel 2-0 llegó en un 9 de mayo. Las dos últimas citas ligueras concluyeron con empates (0-0 y 1-1).

Mayo es un mes propicio para el Sevilla ante Osasuna. Sólo queda romper el último maleficio que ha seguido vigente en la etapa más exitosa del club de Nervión. Basta con plasmar la diferencia de calidad, que no es poco en este pequeño y ruidoso estadio.

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