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Un método y una obsesión

  • Marcelino es un entrenador riguroso con el orden táctico y con la presión muy arriba, sus claves para dominar el juego · El nuevo técnico del Sevilla vive las 24 horas el fútbol y es un maniático de la báscula.

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Marcelino García Toral, el que va a ser el nuevo entrenador del Sevilla, hizo mención ayer en su despedida en Santander a la jornada del pasado sábado, un día en el que se desplazó a Sevilla para entrevistarse con Del Nido y con Monchi en un encuentro en el que básicamente se habló de fútbol y que se extendió por encima de las cinco horas.

Ese tiempo bastó a los responsables de la planificación deportiva nervionense para decantarse por el entrenador asturiano pese a que había otras opciones encima de la mesa. Tanto el presidente como el subdirector general deportivo quedaron impresionados sobre todo con la tremenda ilusión que Marcelino había puesto por entrenar al Sevilla. Primero, no puso pegas para coger el primer vuelo y presentarse en Jerez nada más recibir la primera llamada del de San Fernando; segundo, la manera de explicar su idea de fútbol cautivó a los dirigentes; y, tercero, les dejó claro que estaba dispuesto a rescindir unilateralmente el contrato -como al final ha hecho- si no lograba desvincularse amistosamente del Racing.

Pero lo que verdaderamente importa para ser elegido como capitán del nuevo proyecto del Sevilla es lo futbolístico y ahí Marcelino logró meterse en el bolsillo a Del Nido y Monchi con su discurso. El entrenador de Careñes es, tácticamente, uno de los que mejor ha demostrado tener trabajados a sus equipos. Su método se basa en una obsesión: vive las 24 horas para el fútbol. En su casa la tele no echa otra cosa que partidos y sus conversaciones telefónicas suelen tener siempre de fondo el soniquete de un narrador televisivo, ya sea en castellano o en cualquier idioma.

Es riguroso, le gusta el orden tanto en lo táctico como en lo disciplinario y eso le ha llevado a obtener éxitos con plantillas cortas y sin futbolistas de calidad. La estrategia es uno de sus fuertes y el juego colectivo, ayuda en los repliegues, juntar las líneas cuando la iniciativa la lleva el contrario, achique de espacios con defensa adelantada... han sido las claves junto a una salida rápida en el ataque tanto en el Racing como en el Recreativo en sus mejores años en Primera.

Está claro que en el Sevilla se la va a jugar, pues es la oportunidad de demostrar si está capacitado para llevar a un equipo con exigencias y llamado a pelear con los de arriba. Ahí surgía la duda de su propuesta futbolística cuando deba ser su equipo el que esté obligado a llevar la iniciativa, sobre todo en los partidos de casa. Monchi y Del Nido hicieron hincapié en esta duda que Marcelino resolvió con varias opciones que convencieron a los gestores sevillistas. Mucho movimiento por parte de los hombres de arriba para que generen espacios y, especialmente, presionando muy rápido y muy arriba a cualquier pérdida de balón. Presionar siempre en la zona donde se pierde la pelota. Eso, que también ha llevado a cabo en el Racing y, mucho más (por lógica) en el Zaragoza en el año del ascenso, le permite recuperar la posesión arriba y aprovechar el factor sorpresa en el rival. Le gusta llegar con pocos toques -modo contra-, aunque sí con superioridad numérica, ser muy vertical y ejecutar rápido. Su sistema base es el 4-4-2 y, aunque suele partir de dos delanteros (Uche-Sinama en Huelva, Ewerthon-Oliveira en Zaragoza, Giovani-Ariel en Santander), también es verdad que les exige que no sean puntas estáticos y también utiliza la variante del 4-2-3-1 con uno de los delanteros actuando por detrás de la referencia. Le da también mucha importancia a las bandas, con gusto por los extremos puros.

En lo que se refiere a manejo del vestuario, puede decirse que el equipo de trabajo, con Rubén Uría (segundo técnico) e Ismael Fernández (físico), es un grupo muy unido que se caracteriza por la disciplina que logra imprimir a las plantillas en las que trabaja. Directo, claro y franco con el que debe serlo, Marcelino no suele perdonar que le fallen. Además, es un maniático del peso, teniendo en eso a Fernández como su gran aliado. Los jugadores han llegado a decir que pasaban hambre en época de competición. Un caso que tuvo luego incidencia en el Sevilla fue el de Duscher, que cuando llegó del Deportivo al vestuario de Marcelino en Santander elevó su nivel de juego. "Le hicimos un estudio antropométrico y le pusimos un plan tras el que perdió hasta 12 kilos. Con nosotros sólo se perdió un partido de Liga y en total jugó 41 encuentros".

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