Cruzar a nado, la nueva cara de la inmigración ilegal

  • La desesperación por abandonar Marruecos ha fomentado en los últimos tiempos esta nueva técnica para llegar a España. La Guardia Civil tiene constancia de más de 70 casos.

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La desesperación por abandonar cuanto antes Marruecos y llegar a territorio nacional ha empujado a los inmigrantes subsaharianos a idear múltiples técnicas a lo largo de los últimos años para salvar la frontera. La última: abordar a nado la playa en grupos masivos

En las últimas semanas los subsaharianos han optado por entrar a nado en grupos. La Guardia Civil ya tiene constancia oficial de una entrada el 24 de mayo de 30 inmigrantes -16 de los cuales fueron detenidos en Ceuta-, el 3 de junio otros 19 más y el 5 de junio más de 30 inmigrantes. 

Los inmigrantes del África Subsahariana han optado por explotar esta nueva técnica pensando en que la confusión de la Guardia Civil y la Gendarmería marroquí provoca que muchos de ellos puedan lograr su objetivo, según ha dicho a Efe un agente del instituto armado. 

Los agentes han detectado en Ceuta la presencia de inmigrantes que viven en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) que acuden a la frontera para sondear la presencia de las fuerzas de seguridad y trasladar la información oportuna a los compañeros que se ocultan en territorio marroquí. 

La experiencia contada por inmigrantes que han logrado entrar en Ceuta ha dado evidencia de una historia y un patrón común. Todos coinciden en que la vida en los montes que hacen frontera entre Ceuta y Marruecos es dura. 

Decenas de subsaharianos, divididos en grupos según sus nacionalidades, se ocultan de la presión constante de los agentes marroquíes, quienes efectúan batidas ayudados de perros, haciendo uso incluso de su armamento efectuando disparos al aire para asustar a los inmigrantes, según cuenta a Efe el camerunés Pierre Bapoo, quien hace unas semanas entró a la ciudad a nado. Esta presión, según su testimonio, les debilita físicamente pero mantienen la esperanza de bordear la franja marítima que separa Ceuta de Marruecos debido a que la entrada por tierra es muy complicada ante la vigilancia y la altura -seis metros- de la doble valla. 

Los inmigrantes dice que no se guían por informadores sino que acuden a las playas marroquíes arrastrándose para no ser vistos por los militares marroquíes que custodian la zona. Tumbados en el suelo esperan el momento oportuno para lanzarse en grupo al mar y empezar a nadar hacia Ceuta. 

Los subsaharianos afirman que se fijan en las luces de la costa de Ceuta como referencia para cubrir la escasa distancia entre las dos orillas. Aseguran que saben nadar, pero prefieren llevar flotadores, cuenta el costamarfileño Abdoul Cisse. Estas continuas entradas han motivado que el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta haya superado el 90 por ciento de ocupación al tener 475 residentes para 512 plazas oficiales, según ha informado a Efe la Delegación del Gobierno. La inmigración clandestina, sin duda, también sabe "adaptarse" a los nuevos tiempos. 

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