Final de la vida: debate abierto

  • En España es una práctica prohibida mientras en algunos países europeos y norteamericanos se ha legalizado · El Gobierno español aparca el tema mientras algunos expertos piden que se reforme la ley

La muerte. Un asunto espinoso por excelencia en todo el mundo. Una cuestión de la que se prefiere no hablar. El caso de Eluana, que murió el pasado lunes cuando se le retiró la alimentación después de 17 años en coma, ha reabierto el debate sobre la eutanasia. Aunque, en este caso, no se trata ni de eutanasia ni de suicidio asistido. "Estamos ante un rechazo de tratamiento porque el propio paciente o su representante legal así lo ha solicitado", explica Pablo Simón, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública y ponente del proyecto de ley andaluza de muerte digna.

Una muerte aceptada por unos pero criticada por otros. "La conducta que se ha seguido no es la apropiada. Sin entrar a juzgar las intenciones de nadie creo que no es el modo de tratar a un ser humano", afirma José María Barrio, profesor de ética de la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la Asociación Española de Bioética, que no está de acuerdo en que el Gobierno español legalice la eutanasia. "Lo que necesitan los enfermos en fase terminal es que se les alivie su situación con cuidados paliativos de calidad. En España, aunque se ha avanzado mucho en este terreno, aún no se ha conseguido plenamente. Si se opta por la solución fácil y barata de la eutanasia, será muy difícil que se desarrollen los cuidados paliativos", declara Barrio, cuya opinión comparte José Miguel Serrano, también miembro de dicha asociación. "La solución a los calvarios son los cuidados paliativos no el homicidio, que es una solución directa y barata".

Sin embargo hay quienes piensan -el caso de Simón- lo contrario y creen que el Gobierno debería avanzar y dar un paso más en este sentido, bien ampliando o reformando la Ley de Autonomía del Paciente de 2002. Aunque reconocen que es un tema "complejo y polémico". "No estaría demás que la sociedad y el Gobierno debatieran la eutanasia y el suicidio asistido", declara este experto en bioética.

El caso de Eluana no es único. Su historia se une a la de muchos otros que hicieron valer su voluntad para poner punto final a su vida, como Inmaculada Echevarría, Terri Schiavo o Chantal Sébire, que murió el año pasado en Francia. Sébire había solicitado la eutanasia activa que la Justicia francesa le denegó. Tras su muerte Francia revisó la ley de la eutanasia, que ha sido rechazada por el Senado. Con la misma rapidez se ha tramitado en Italia, que prepara una modificación legislativa para hacer frente a casos como el de Eluana.

"El discurso de la urgencia en cuestiones de bioética es falso y manipulador. Por ejemplo, en el caso de Eluana sorprende la prisa en aplicar la sentencia del Supremo cuando se estaba tramitando una norma en el Senado que exigía el mantenimiento de los cuidados mínimos", manifiesta Serrano.

¿Qué ocurriría en España ante un caso como el de esta joven? "El debate se hubiera dado, pero más sosegado y sin llegar a los extremos a los que se ha llegado en Italia. Tampoco hubiera durado 17 años porque aquí las bases jurídicas están más claras", cuenta Simón. En España, donde la eutanasia es una práctica prohibida, el rechazo de tratamiento, sin embargo, está contemplado en la Ley de Autonomía del Paciente de 2002, dice Simón. Dicha norma expone que: "Todo paciente tiene derecho a negarse al tratamiento, excepto en los casos determinados en la Ley".

Temas polémicos. Pero, historias que han conseguido poner sobre el tapete el debate acerca de la muerte digna o las últimas voluntades. En España, más de 60.000 personas han registrado el modo en que desean morir mediante el "testamento vital", un documento donde predominan la petición de cuidados paliativos, el rechazo del esfuerzo terapéutico y la donación de órganos. La Ley recoge que un paciente, o su representante legal, pueden renunciar a cualquier tratamiento médico. La eutanasia como tal sólo está permitida en Holanda y Bélgica. El suicidio asistido se puede practicar en Suiza, y es legal en parte de Australia, Oregón y Washington.

En España hay muchas personas en una situación similar a la de Eluana. Cuestiones, sin una solución clara, pero de las que viven pendientes miles de enfermos con derecho a morir dignamente.

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