"El tonteo con la droga pone en riesgo el proyecto vital de toda una generación"

  • Para el responsable ejecutivo de esta entidad sin ánimo de lucro creada en 1986 con el respaldo de empresas, instituciones y profesionales, el problema no es tanto el consumo como el contexto social que lo banaliza

-La FAD desarrolla campañas de sensibilización ante el consumo de drogas desde 1988. ¿Han servido para algo?

-La misión de las campañas no es tanto ser eficaces desde el punto de vista de la reducción del consumo como sensibilizar, y sabemos que hay un gran recuerdo y conocimiento de muchas de ellas. Se trata de contribuir a crear un clima que, al menos, no propicie el consumo, intentando incidir en los valores y estilos de vida especialmente de los jóvenes, pero también del resto de la sociedad. Hoy nuestra preocupación más directa no es tanto el consumo, que por supuesto también, sino el contexto social que propicia dicho consumo, que lo banaliza. Nos preocupa mucho que los riesgos se hayan invisibilizado.

-¿Por qué ese riesgo es invisible?

-Porque los consumos se han normalizado, se han integrado sobre todo en el ocio de los jóvenes y la sociedad ya nos los percibe como amenazantes. Aprendimos una dura lección de la crisis de la heroína de los años 80. Era un fenómeno desconocido en España, con consecuencias devastadoras. La sociedad reaccionó contra ello porque la heroína estaba asociada a un importante problema de inseguridad ciudadana, el perfil del consumidor habitual era el de alguien marginal, con un gran deterioro físico y mental. Eso era lo que se veía y, en la inmensa mayoría de las noticias relacionadas con la delincuencia aparecía el drogadicto, heroinómano fundamentalmente. Esa situación hizo posible una reacción social muy contundente, pero también instaló en el imaginario colectivo la asociación de la droga con la marginalidad. Eso ya no es así. Las drogas ya no forman parte del mundo marginal, sino que están integradas en nuestra forma de vida, en nuestro ocio, en nuestro tiempo libre, en nuestra forma de divertirnos. Por lo tanto, tenemos un problema, no tanto de consumo como de percepción social del riesgo: las drogas ya no están en los primeros puestos de la lista de preocupaciones de los españoles.

-¿Por qué se da un consumo tan alto de cocaína en España?

-Es un psicoestimulante que sintoniza muy bien con los estilos de vida actuales: salir de marcha, aguantar noches interminables bailando. Además, también ayuda a popularizar su consumo el que no se perciben de manera inmediata síntomas que puedan alertar al consumidor. Pero el consumo de cocaína no tiene una explicación particular, diferenciada: tiene que ver con el porqué del consumo de drogas en España. Más del 60% de los jóvenes que consumen drogas lo hacen por potenciar sus posibilidades de diversión con alcohol, cocaína, cannabis y pastillas. El drama no es sólo el consumo, sino también el contexto que hace posible que la edad media de inicio en el consumo de coca esté en los 15 años.

-Si la sociedad española se movilizó en su día frente a la delincuencia asociada a la heroína, ¿qué catalizador hace falta hoy para que la percepción social del riesgo esté en consonancia con la magnitud real del problema?

-Hay que lograr que la sociedad sea consciente de las consecuencias reales que tienen los consumos actuales. Debemos trabajar para tratar de romper la percepción banalizada de los consumos, que la sociedad sepa y entienda dónde están los riesgos. En cualquier caso, es difícil dar con esa clave, con ese catalizador, con esa palanca. Quizá en esa movilización frente a la delincuencia de los años 80, en la que la imagen de la droga era esperpéntica, hubo un mensaje de respuesta excesivo porque, en realidad, y ahora también es así, el consumo continuado de drogas, de dependencia absoluta, de enganche, era y es minoritario; el fenómeno hegemónico es el consumo experimental, ocasional, temporal, pero eso tiene unos costes sociales y personales muy elevados sobre los que, precisamente, no hay percepción de riesgo. Hay que tener en cuenta que la respuesta institucional, política, siempre va detrás de la presión social. Y ésta ha desaparecido. Pero ahora nos estamos jugando mucho más que lo que la gente ve a simple vista.

-¿Como qué?

-La construcción del proyecto vital y social de toda una generación. Las drogas no son sólo peligrosas porque su consumo sea perjudicial para la salud, que lo es. El problema de fondo es otro: la relación entre drogas y socialización hace que los adolescentes y los jóvenes pongan en riesgo unos años de su vida absolutamente fundamentales para ellos y para su futuro. El riesgo no es el de convertirse en un yonqui desdentado. El riesgo es el del tonteo con los canutos, con el alcohol, con las pastillas, por temor a quedar excluido del grupo, por ser y hacer lo que hacen tus iguales. Porque si se da ese paso, las expectativas personales, de formación, de posibilidades laborales, pueden quedar tremendamente dañadas. Las drogas posiblemente no son causa única o fundamental del fracaso escolar, pero influyen en ese grave problema. En España es sabido que tenemos un problema de competitividad: las drogas no ayudan a que los jóvenes se impliquen en una cultura de la formación y del esfuerzo. Eso es lo que nos estamos jugando; todo un modelo de sociedad.

-Entonces, en el fondo, es una cuestión de educación...

-La educación es absolutamente clave. Sólo desde la educación es posible crear personalidades solventes y autónomas que sean cada vez menos vulnerables, trabajando valores de protección, como el autocontrol, las habilidades de negación, la empatía o la autoestima, que posibiliten que para socializarse nuestros jóvenes no recurran al consumo de drogas. Y es que hemos creado un discurso muy malo, hemos vendido la satanización de la juventud como consumidora de drogas; hemos impuesto el estereotipo de que, para ser joven, hay que drogarse. Y eso es mentira: la gran mayoría de los jóvenes no consume drogas. Consumir no es lo normal, es lo extraordinario. Aquí retomamos la importancia de la educación, porque no podemos dar tantas facilidades a las drogas, tenemos que ponérselo difícil. Los estilos de vida, el contexto social, tienen que dejar de ser un factor que favorezca, y en ocasiones promueva, el consumo. Todo esto implica un cambio cultural, y eso no ocurre de la noche a la mañana. Queremos inmediatez en las soluciones, pero los grandes problemas requieren decisión, tiempo y esfuerzo. Y la educación, que es nuestra gran estrategia de enfrentamiento a las drogas, requiere años.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios