Doraemon coge la puerta

  • La criatura cósmica ha dejado su sólida parcela en Canal Sur 2 y desde este mes se emite en el canal infantil de Telecinco, Boing

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Las magdalenas de unos cien mil niños andaluces han cambiado de compañía en estas mañanas de junio. El barrilete azul de Doraemon ya no está en los despertares de Canal Sur 2, cuando la segunda cadena autonómica llegaba a liderar en esa franja de las ocho de la mañana por delante incluso del Telediario, y el muñeco del gorrocóptero (el "casquet volador", ejem, en catalán) y sus secuaces tampoco está en la hora del almuerzo andaluz, el otro gran pico de audiencia que gozaba Canal Sur 2, pese a los mordiscos sufridos en estos años de apagones por Clan, Disney o Neox. Nobita ya no dormita en las cadenas autonómicas porque la distribuidora de la serie, Planeta Junior, encontró un mejor postor en Telecinco. Doraemon ha cogido la puerta (esas mismas de la demanda a Pixar en Monstruos S.A.) y de la noche a la mañana se ha convertido en una de las estrellas del canal infantil de Mediaset, Boing, la cadena de Ben 10, Inazuma o Bola de Dragón Z, ilustres del anime televisivo reciente.  Si se queda con ganas también lo pueden encontrar en Cartoon Network  y Boomerang en las plataformas. Nadie es capaz de echar de menos a este gato.

Doraemon, que precisamente comenzó en España en 1991, en los primeros años de Telecinco, viene a acumular nuevos espectadores al canal temático en abierto y esta criatura del futuro, que a modo de canguro saca de su bolsa los más sorprendentes inventos, es el abuelo de todos los dibus de Boing. Japón nombró al gato Doraemon embajador de su industria de animación ante el mundo ya que es de los pioneros, porque nació en las viñetas en 1969.

El dúo  Fujiko Fujio firmaba aquellas primeras aventuras del orondo gato robot y su amigo holgazán que se convertía en una revisión de los ingenios del Dr. Franz de Copenhague de nuestro TBO de toda la vida. Las aventuras de Doraemon se han convertido en un clásico en varias generaciones de lectores nipones y era lógico que en la explosión creativa de la industria del anime el minino formara parte de  esa producción, siguiendo la estela de Meteoro, Heidi o Mazinger Z. El primer capítulo de Doraemon que emitió la cadena pública japonesa NHK fue en 1979 y desde entonces no ha parado ni una temporada, acopiando ya 1.800 capítulos, con aventuras dobles. Canal Sur, a buen seguro, echa de menos un cargamento tan abundante para una audiencia tan fiel como la que siempre ha tenido el gato triste y azul.

Desde 1980 Doraemon y los suyos también protagonizan un largometraje anual que, como rito, siempre es un fenómeno en Japón y que en España al menos eran un recurso para nutrir las estanterías de los fallecidos videoclubes.

Dentro de unos meses está previsto la inauguración de un museo dedicado a estos personajes en Kawasaki, patria chica de Fujiko F.  Fujio, el autor del dúo creativo inicial que desde 1987 publica en solitario las maravillas del gato volador y las desventuras de Nobita, Shizuka, Suneo, Gigante y la posterior hermana gatuna, Dorami. En total hay 45 tomos de vivencias de tebeo de Doraemon que en su práctica totalidad forman parte de las  peripecias televisivas. Desde hacía más de diez años el micifuz cósmico formaba parte de las parrillas de Canal Sur y del resto de cadenas autonómicas y en este tiempo había crecido como producto comercial, la vertiente realmente lucrativa de un personaje de este calibre. Es ahora Telecinco la que va a disfrutar de los réditos de popularidad del gato, al que ya evocan con nostalgia un par de generaciones de espectadores e, incombustible, toma cuerpo en los más inimaginables objetos de merchandising. En internet pueden adquirir vía Japón lo más hortera y sobrecogedor con la efigie del bicho animado. Su comida favorita, los dorayakis, los bizcochos rellenos de pasta de habichuelas negras (que no chocolate, como se venden aquí), han dado la vuelta al mundo y también hay niños españoles que, emulando a su personaje,  devoran esos consistentes pastelitos a  la hora de la merienda.

Y Doraemon, con su generoso cascabel al cuello, sigue, ahora en las tardes de Boing, sacándose de la manga, o del ombligo, ese disparate que termina destrozando Nobita o alguno de sus ingratos vecinos.

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