La misma canción de siempre

  • Soraya, con 23 puntos, queda penúltima en el Festival de Eurovisión en una gala en la que arrasó el representante noruego Alexander Rybak.

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Pedazo de Especial Eurovisión que presentó ayer tarde Alaska. TVE deberá emitirlo en diferido, porque sólo duró 2 minutos. Nadal ya se cargó la segunda semifinal, con la multa que le va a caer a nuestra televisión, la de los himnos felices. La proeza en Madrid birló todo los preliminares que en La 1 tenían previsto para dar paso a Soraya. La noche es para mí canturreaba la extremeña. ¿Poyemos? España quedó penúltima, 24ª. Estamos invitados por la cara a la final, pero somos el hermano feo del que organiza la fiesta. Nuestra canción en Eurovisión es siempre la misma.

Anoche ganó por goleada internacional Noruega, con ¡387 puntos! Llevaban a un bustamante bielorruso violinista. Un Troy de HSM del frío. El chico, Alexander Rybak, formó un contubernio continental que estaba vaticinado desde hace meses. Con récord de aceptación, duplicó en votos a la segunda, a la pipiola de Islandia, 218. El nuevo sistema de votación, televoto (clin, clin) y jurado sólo atemperó un poco el compadreo de años pasados. Por ahí nos salvamos con los 12 puntos de Andorra, que nos desvirgó en el marcador. Moltes gràcies. Suiza nos dio 3 puntos, Portugal 7 y Grecia, 1.

El escenario que prepararon los rusos era espectacular, una versión extralujo de una gala marismeña de Canal Sur. Animaciones, focos dignos de Madonna y fuegos artificiales a tutiplén. Todo muy circense. Todo excelente... pero cansino. Eurovisión es un empacho supino y después de romper su destino hace decenio y medio, cuando se abrió del todo la puerta del Este, después de unos años de evolución, vuelve a caer en la rutina. Una rutina discotequera, como un botellón en el día de la marmota. De las 25 canciones de anoche más de la mitad sonaban a lo mismo: a sonatas balcánicas pasadas por la termomix. Ahí incluimos al tema español. Soraya, mallas color carne con lentejuelas, como Rocío Jurado en sus más ebúrneos tiempos, actuaba la última. Por ahí nos quedamos. Como por arte de magia desapareció del escenario, en homenaje al escaqueo, arte hispánico. Si recordamos a Las Ketchup, a Son de sol o a Chikilicuatre, Soraya ha sido, de largo, la mejor representante en los últimos tiempos y su miniespectáculo, previsible pero efectivo, estuvo por encima de la media. Ya eso es un consuelo pese al fiasco en las votaciones que no ha condenado al peor puesto desde 1999 (y con Remedios Amaya en la memoria). También estuvo aceptable el narrador, Joaquín Guzmán, estilo José Ángel de la Casa pero con añadida dosis de ironía.

Sobre lo ocurrido durante las dos horas de Operación Gorgorito (el personal en su casa jugaba a Risto) no hubo mucho con lo que sorprenderse. Tal vez el estilo U2 de Dinamarca o la dura balada francesa, más que el empalagoso tema ganador. Era curiosa la ambientación de dibujos animados para Portugal. Y ni siquiera Dita Von Teese, la stripper que iba con los alemanes, tuvo el valor de saltarse la censura de la UER y enseñar la pechuga, tal como hizo en los ensayos. No les hizo falta a los rusos preguntar a TVE qué hacer en ese momento si a la chica le hubiera dado por desatarse el corpiño. ¿Qué hubieran hecho? ¿Conectar con el mausoleo de Lenin?

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