Albuñol, el vigía

  • Municipio marítimo, agrícola, alpujarreño y costero fue habitado desde tiempos inmemoriales, como así lo demuestran los restos que fueron encontrados en la Cueva de los Murciélagos

La localidad de Albuñol se encuentra al abrigo de la Sierra de la Contraviesa, bañado por el mar Mediterráneo, siendo la puerta de entrada de las Alpujarras granadinas para aquellos viajeros que proceden de la Costa. Ubicado entre dos ramblas, Ahijón y Aldayar, al llegar a su punto de unión configuran la Rambla del Tranco, que históricamente marcó el devenir de los albuñolenses.

Municipio marítimo y agrícola, alpujarreño y costero, fue habitado desde tiempos inmemoriales como así lo demuestran los restos encontrados en la Cueva de los Murciélagos. Aunque, realmente, su fundación data de la época de los árabes, llamando a este municipio junto a La Rábita 'La Taha de Cehel'. Por aquellos entonces Albuñol se denominaba Hins Al-Bonyul, lo que se puede traducir al castellano como Castillo del Viñedo. Hoy en día, el anejo de La Rábita sigue manteniendo su topónimo. Después de la expulsión de los moriscos, en el año 1505, don Luis Zapata adquirió el Señorío de Albuñol a doña. Juana de Castilla y en 1508 adquirió La Rábita.

La primera referencia que existe de La Rábita es de 1339 con la carta de Angelino Dulcert

En contacto con su alcaldesa, María José Sánchez, me dirigió a su concejala de Turismo, Rosi Montes, quien me descubrió los lugares más interesantes de este pueblo y su anejo más importante, La Rábita.

El mar de Alborán baña con sus aguas esta pequeña población pesquera, donde sus playas de arena mantienen el sabor de antaño. Aún existe una pequeña flota pesquera mayoritariamente centrada en la pesca de bajura y en manos de empresas familiares. Está constituida en su mayor parte por botes y algunos barcos pequeños. Dada la inexistencia de puerto, las embarcaciones son varadas directamente sobre la playa, para lo cual, utilizan tornos generalmente manuales.

La primera referencia que encontramos del enclave de La Rábita es en la carta cartográfica de Angelino Dulcert del año 1339, denominada Bognoz. Su nombre se debe a la construcción del Ribat o fortaleza-monasterio ya que en época nazarí, esta población se constituyó como punto estratégico de defensa de la costa.

En los alrededores del castillo fue conformándose y creciendo la población de La Rábita, y en el siglo XVIII se construyeron las Torres Vigía de Punta Negra, Rábita y Huarea, con lo cual, la defensa marítima de esta población quedó fortalecida y ampliada. Actualmente, la Torre mejor conservada es Torre de La Rábita, desde la cual se divisa el horizonte marítimo. Recomiendo dejarse llevar por los sentidos en la majestuosidad del mar en el ocaso visto desde la atalaya.

Otro de los monumentos más atractivos de La Rábita es la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Natividad de la Virgen, en cuyo altar mayor hay un gran retablo donde figuran las imágenes de San Isidro, San Antonio, La Virgen del Mar y San Juan.

A uno siete kilómetros y medio de La Rábita se encuentra Albuñol, un bonito pueblo donde las casas típicas alpujarreñas de calles estrechas, empinadas y laberínticas conviven con la arquitectura actual. En el paseo por su casco antiguo y los barrios altos estuve acompañado por Esteban Sánchez, técnico del Ayuntamiento, quien me ilustró sobre este tranquilo y acogedor pueblo, lugar de nacimiento del político e historiador Natalio Rivas Santiago. En su interior nos encontramos con el Nacimiento, área recreativa donde el agua es el protagonista para disfrute de sus vecinos y, especialmente, de los más pequeños. La iglesia de San Patricio fue construida en 1616 por el párroco Pedro Mercado, donde se encuentra San Patricio, santo irlandés y patrón de Albuñol del cual os contare su leyenda.

El enclave geográfico y la climatología del término municipal de Albuñol ofrecen a los visitantes la posibilidad de disfrutar de la brisa del mar y el sol mediterráneo y de entornos naturales excepcionales. La belleza natural de estos parajes montañosos recrea la vista divisando montañas cultivadas de almendros y viñas bajo un telón azul marítimo.

La Ruta de las Angosturas es otro de los atractivos que posee este municipio. Transcurre por un paraje natural de especial belleza donde la fuerza del agua ha moldeado rocas, creando figuras pétreas y recovecos de suaves líneas, donde la mente del visitante podrá imaginar mil y una formas. Al llegar, en el margen de la pared derecha, nos muestra un canal vertical en roca viva de perfecta semicircunferencia, producido por una chorrera sobre la piedra en su proceso de erosión durante miles de años. El camino estrecho y serpenteante sube por rocas oradas que, por el efecto del agua, las moldea en suaves relieves, las paredes empiezan a estrecharse de manera ostensible, manteniendo una notable altura y justificando así su nombre… Las Angosturas.

La localidad tiene dos fiestas principalmente, unas en honor a San Patricio y San José, que se celebran del 17 al 19 de marzo, y en el mes de junio, concretamente el día 13, tiene lugar la Romería de San Antonio.

Cuenta la leyenda que la tormenta había sido de las que no se recordaban por aquellos lares desde hacía años. El viento y las olas se ensañaron con la costa de manera apocalíptica. La pequeña flota de pescadores llevaba cinco días sin poder salir a faenar con las barcas varadas en la playa de La Rábita, manteniendo a hombres y mujeres inactivos con el consiguiente perjuicio económico para las familias que vivían de la pesca. Al final del quinto día, unos tibios rayos de sol aparecieron por Poniente avisando que el temporal amainaba y posiblemente a la mañana siguiente podrían salir a faenar.

Y así fue como antes del amanecer, aún con un poco de resaca, los pescadores se echaron a la mar. Roberto Rodríguez y su hijo mayor, pescadores de tradición familiar, salieron con la barcaza hacia Punta Negra, buscando en Poniente llenar las redes. Las horas pasaron y las capturas fueron más bien escasas.

-Tendremos que ir hasta el Peñón de Melicena a ver si ahí tenemos más suerte, le dijo a su hijo. Lo malo es que ahí están faenando sus vecinos y no ven con muy buenos ojos que los de La Rábita nos acerquemos a sus aguas.

-Mire padre, detrás nuestra viene Frasquito con su abuelo.

-¡Peor se va a poner la cosa cuando vean dos barcas en sus aguas!

-¡Padre el mar es de todos, nadie tiene la escritura de su posesión!

-Lo sé hijo mío, pero hay leyes que no están escritas y no por ello debemos despreciarlas.

Llegando cerca del peñón, una de las redes empezó a tensarse, Roberto se acercó y tanteó la red

-No puede ser que se haya llenado tan pronto, además pesa bastante, seguro que se ha enganchado en alguna roca del fondo, dile a Frasquito que se acerque y nos ayude.

A las señales del muchacho la barca de Frasquito se acercó.

-¿Necesitáis ayuda?, preguntó el abuelo.

-¡La red se ha enrocado en el fondo y no puedo subirla!

-Es extraño pues por aquí no hay rocas que yo conozca.

A esto que otras dos barcazas de los hombres de Melicena se acercaron a ellos con el fin de ayudar.

-A pesar de que estáis en nuestras aguas os vamos a echar una mano con esa red, pues todos somos hijos de Dios, dijo un adusto marinero.

Entre todos se pusieron a tirar y cual fue su sorpresa cuando vieron aparecer un báculo y una mitra y después la figura completa de un santo. ¡Aquello era un milagro! Habían pescado la imagen de un santo y parecía que estaba en buenas condiciones.

-¡Lo llevaremos a Albuñol!, dijo Roberto.

-¡Ni hablar del caso, se ha encontrado en aguas de Melicena y el santo se quedará en Sorvilán!, dijo un pescador.

La cosa se estaba complicando, pues cada uno tiraba para su pueblo, así que decidieron ir a la playa para tratar la situación con calma. Ya allí, Roberto vio a uno de los agricultores de Albuñol arando un campo cercano y se le ocurrió una idea.

-¿Qué os parece si cargamos el santo en el mulo y para donde se vaya el mulo allí se queda el santo? A los de Melicena les pareció bien, pues la bestia no entendería de intereses y al estar en tierras de Melicena arando, creían que era del pueblo de Sorvilán, donde seguro que se dirigiría. Así que le pidieron permiso al agricultor para cargar al mulo con el santo.

Y el mulo decidió. Una vez cargado con la figura, cogió el camino sin que nadie le marcara el rumbo dirigiéndose hacia Albuñol.

El santo era San Patricio y quedó como patrón del pueblo. Se habló que fue un naufragio de fieles irlandeses que escapaban de la persecución inglesa el que llevó el santo hasta aquellas aguas granadinas y para la leyenda quedó que el mulo supiera donde pararse, aunque creo que ayudó mucho que en Albuñol estuviera su pesebre.

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