Los Guájares, Wa-rum

  • Guájar Fondón, Guájar Faragüit, Guájar Alto componen este municipio

  • Su clima, entre las sierras del Chaparral y Los Guájares, hacen de este lugar un jardín encantado

Hace ya algunos años tuve el honor de ser pregonero de las fiestas de Guájar Alto. Desde entonces tengo un vínculo especial con estos tres pueblos del valle del río Toba. Su situación abrupta y el clima privilegiado entre las sierras del Chaparral y Los Guájares, a espaldas de la Costa Tropical, hacen de este lugar un jardín encantado.

Los Guájares son tres pueblos blancos de calles estrechas y empinadas donde las fuentes y el agua hacen de cada casa un vergel lleno de flores y aromas. Después de saludar a su alcalde, Antonio Mansilla, y en compañía de la concejal de turismo Patricia González, fui desgranando cada calle o rincón de uno de estos preciosos municipios que siguen manteniendo el sabor añejo y desconocido en el marco turístico de la provincia de Granada.

Sus habitantes tienen como patrón a San Antonio de Padua y a la Virgen de la Aurora

A primera vista del visitante desde la carretera son tres pueblos recostados en el valle como tres borreguiles blancos esperando despertar. Guájar Fondón es el primero a la izquierda, también conocido como Fondón de las Guájaras, territorio cedido por los Reyes Católicos tras la reconquista a don Juan de Ulloa en pago por los servicios prestados. Sus habitantes tienen como patrón a San Antonio de Padua y a la Virgen de la Aurora, cuya iglesia fue quemada en 1568 durante la rebelión de las Alpujarras pero que en 1607 se levantó de nuevo. Sus calles preñadas de historia y leyendas nos hablan de mil y un encuentros entre sus tinajillos. Sus patios, llenos de macetas cargadas de flores y aromas como el patio de 'El niño de mariquita' o el Callejón de Agustín con su empedrado de tiempos moriscos, recuerdan el paso por la historia y sus protagonistas.

Guájar Faragüit ostenta la capitalidad municipal y es sede del ayuntamiento desde 1973. Su sonoro nombre significa jardín escondido y cierto es al encontrarse envuelto de naturaleza en su estado original, un verdadero vergel de agua, fuentes y bancales que adaptándose a la orografía configuran un pueblo precioso.

La iglesia de San Lorenzo es de estilo mudéjar cuya construcción se remonta a principios del siglo XVI. En la ladera sur del valle de los Guájares, con unas vistas impresionantes sobre Guájar Faragüit y todo su entorno, se encuentra el yacimiento arqueológico del Castillejo, un poblado fortificado en muy buen estado de conservación cuya construcción pudo ser de finales del siglo XIII y principios del XIV, en plena dominación almohade y posiblemente único en España.

Situado en la parte más alta del valle se encuentra Guájar Alto con sus casas blancas, sus calles y plazas tranquilas. Un verdadero remanso de paz. Paseando por sus calles y fuentes descubrí lugares y recodos de una época ya desaparecida pero presente en su legado arquitectónico: la cultura árabe, los tinaos y patios como La Peana, que preserva en el portón de entrada una viga de madera del año 1692 y que da acceso a un patio lleno de macetas y plantas con un empedrado granadino que resalta por su belleza.

Una de las casas que más me llamó la atención fue, sin duda, la ubicada en el número 21 de la calle Real, que acoge desde hace más de cincuenta años a su señora, Adelaida Guerrero, quien me contó la historia de esta vivienda, la más antigua de Guájar Alto, donde en una de las habitaciones y tras la caída fortuita de un trozo de cal que decora toda la pared, apareció un fresco con una serie de dibujos enigmáticos que durante más de 500 años han estado ocultos al ojo humano, ¿curioso verdad? La iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación, del siglo XVI, es la más antigua de todo el municipio.

Continuando hacia el antiguo camino de las Albuñuelas nos encontraremos con 'la Playa', un parque recreativo donde el agua es la protagonista para beneficio y disfrute de sus vecinos.

Cuenta la leyenda que aquel día amaneció con bruma, augurando un día de calor como los anteriores. Ese verano estaba siendo especialmente tórrido y seco. El agua que abastecía las casas del Castillejo a través de una acequia que llenaba el aljibe, procedía del pago de Jurite, en plena Sierra de los Guájares, y no era suficiente para la población musulmana que habitaba en el poblado, por lo que las mujeres tenían que bajar hasta el río Toba para subir cántaros de agua a través de una estrecha vereda muy escarpada y no falta de peligros. En más de una ocasión algunas de ellas habían sido asaltadas por el camino por rufianes y delincuentes que las acechaban para robarles y abusar de ellas o apresarlas para después venderlas como esclavas.

Yazmín era una de las muchachas que vivió el peligro en sus carnes tras uno de estos asaltos junto al río, pudiendo escapar por los pelos en esa ocasión. Por eso, esa mañana, le suplicó a su madre que no la enviara a por agua pues tenía el miedo metido en sus carnes.

-Madre, no me mandes a por agua, después de lo que pasó anteayer.

-Mi niña, si no vas moriremos todos de sed. Sabes que tengo que cuidar a la abuela que está postrada en la cama y tu hermana es demasiado pequeña para poder subir el cántaro al mulo.

La hermana pequeña, que estaba escuchando la conversación, salió al paso.

-Madre, déjame que acompañe a Yazmín y así entre las dos podremos defendernos mejor. La madre la miró con ternura y pensó ¡qué lastima que no fuese varón! Pues su valentía hubiera eclipsado a muchos guerreros del fortín.

-Farah tú eres muy pequeña para acompañar a Yazmín.

-Madre, déjala que me acompañe, así no iré sola y si alguien me ataca ella podrá venir y avisar.

La madre accedió de muy mala gana y las dos hermanas partieron camino a la ribera del río Toba al pie del cerro donde estaba encaramado el poblado fortificado, al encontrarse ubicado en ese lugar una fuente de limpia de aguas cristalinas.

Cuando estaban llegando al lugar, entre huertas y albercas divisaron a una anciana que caminaba con dificultad. Yazmín la sobrepasó sin detener la bestia pero Farah, de un salto, se apeó del mulo y se detuvo a ayudar a la anciana.

-¿Le ayudo buena mujer?

-Hija mía, que Alá sea misericordioso contigo. Ayúdame a llegar hasta la fuente para poder aplacar mi sed, mis piernas ya no son lo que eran.

-Farah, no podemos entretenernos o se nos hará muy tarde para subir al fuerte, increpó Yazmín.

-No te preocupes, ve tú delante y cuando nosotras lleguemos ya estarán llenos los cántaros y podremos regresar.

-¡Tú sabrás lo que haces, no te voy a esperar!

Y así hicieron. Cuando Farah llegó con la anciana, Yazmín ya había llenado los cántaros e iba de regreso con el mulo.

-Farah deja a la mujer y regresemos antes de que se haga más tarde.

-No podrías darme un poco de agua, soy demasiado vieja para poder subir a la fuente a cogerla.

-Yazmín, será un momento mientras le doy de beber a la anciana.

-¡Farah no voy a esperar a nadie, me voy ya!

Y salió como alma que lleva el diablo mientras la pequeña Farah se quedó para dar de beber a la anciana.

No había pasado ni media hora cuando aparecieron cuatro rufianes de muy mala calaña que vieron en sus víctimas un precioso botín para venderlas como esclavas.

Encontrándose ambas en un recodo junto a la fuentecilla, los granujas las rodearon para que no tuvieran escapatoria, quedando a sus espaldas la fría y dura roca.

De pronto, la anciana se incorporó con la energía de un potro y dando dos fuertes palmadas con voz profunda y ronca dijo estas palabras: "¡Castillejo, Fuenteagua, Peñarajá, Tajomula, ¡qué rico está¡", y de pronto, un ensordecedor ruido llenó el ambiente y a espaldas de ellas se abrió la piedra dejando ver un corredor hacia las entrañas de la tierra.

Los truhanes, al ver aquello y creyendo en cosas del maligno, escaparon a todo correr río abajo como si una jauría de lobos fuese detrás de ellos.

La anciana cogió la mano a Farah y la introdujo dentro de la cueva junto a la fuente, conduciéndola por las entrañas del cerro hasta el mismo Castillejo junto al aljibe, y ahí le dio un beso en la frente y le dijo que usara siempre que quisiera ese atajo para bajar o subir del poblado y así nadie la molestaría. Sólo tenía que decir las palabras mágicas para que el pasadizo se abriera y dicho esto, la anciana desapareció.

Farah le contó a su madre lo sucedido con la anciana y con tristeza esperaron a Yazmín, que nunca llegó al Castillejo. Nadie supo que le sucedió después de su huida. Dicen las malas lenguas que anda maldita en los caminos de la sierra de los Guájares y quien se encuentra con ella, seco se queda.

Lo cierto es que ese pasadizo fue utilizado durante muchos, muchos años por las moras del lugar para coger agua y la fuente pasó a llamarse Fuente Santa.

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